domingo, 14 de febrero de 2010

España cree que saldrá de la crisis con recetas recesivas del FMI

Eduardo Lucita (LA ARENA)

La crisis impone ajuste y austeridad en España, algo que los latinoamericanos conocemos muy bien. El FMI vuelve a demostrar que nada ha cambiado y sigue proponiendo las mismas medidas recesivas de siempre.

El Consenso de Washington que, junto con el Fondo Monetario Internacional, promovió las políticas del ajuste estructural en América Latina en los años '90, pareciera haberse mudado a Europa. Su primer campo experimental fue Irlanda, y ahora sus políticas, que tanto conocemos comienzan a ponerse en práctica en varios países, sobre todo en España y Grecia.

El derrumbe bursátil de la semana pasada profundiza esta tendencia. Con una crudeza inusual en estos tiempos, el economista Jefe del FMI, Olivier Blanchard, acababa de recomendar a los países de la eurozona más golpeados por la crisis tomar el sendero de los "grandes sacrificios", que significa lisa y llanamente "bajar los salarios". A confesión de partes relevo de pruebas. Es que comparando estos dichos con las anteriores promesas de su director, el socialista francés Dominique Strauss-Kahn, o con las declaraciones primeras del G-20 donde se hablaba de reformar el organismo internacional se puede comprobar que nada de eso ha pasado. El Fondo sigue siendo el mismo Fondo de siempre.

Crisis en la periferia

Es un lugar común en Europa decir que las dos principales economías de la eurozona, Alemania y Francia, ya han salido de la crisis y que ésta se ha desplazado ahora a la periferia. ¿Que es aquí la periferia? Nada menos que las economías de Grecia, España, y Portugal, que se han sumado así a la vapuleada Irlanda y a la tambaleante Italia.

Irlanda, que era tomado como país modelo de éxito en la globalización europea, con una fuerte alza inmobiliaria, creación de empleo y un sistema bancario que financiaba todo, se derrumbó de la noche a la mañana, como un castillo de naipes. El Estado salvó de la quiebra a las cinco principales entidades bancarias; como en los EE.UU. nadie allí puede hacer frente a las hipotecas; el desempleo creció y el déficit fiscal está en el 11,6 por ciento. Ha sido el primer país en aplicar la ortodoxia fondomonetarista: brusco recorte del gasto publico, centrado en la baja de los salarios estatales y en los beneficios jubilatorios y a la primera infancia. Grecia, Portugal y España seguirán el mismo camino.

Pero del continente europeo nos ocuparemos en una próxima nota, ahora nos interesa la "madre patria".

La crisis en España

España pareciera haber entrado tarde en la crisis. Como nuestro país, no fue mayormente afectada por la debacle financiera mundial, sus bancos se mostraban sólidos y sin problemas, pero ahora cuando las finanzas del mundo muestran una relativa estabilidad, la zozobra se ha instalado en el sector real de la economía. La actividad inmobiliaria se ha derrumbado, hay más de un millón de propiedades sin venderse y otras tantas que sus propietarios no pueden pagar las cuotas; las cuentas fiscales se han desbordado, resultado de menores recaudaciones pero también porque el gobierno Zapatero dispuso una baja en la presión fiscal, que es del 32,5 por ciento, una de las menores de la zona. Así el déficit presupuestario trepa al 11,4 por ciento, un punto por debajo de la increíble Grecia, increíble porque se ha descubierto que los mandatarios anteriores tergiversaban todos los indicadores y el nuevo gobierno socialista no tuvo otra posibilidad que sincerarlos.

Pero lo que ha despertado todas las alarmas es la evolución del mercado laboral español, caracterizado por un alto nivel de precariedad, y su impacto en la tasa de desocupación. Más que se duplicó desde el inicio la crisis internacional, llegando al 18,8 por ciento. La más alta de Europa, prácticamente dobla el promedio de la eurozona y se estima trepará al 20 por ciento en los próximos meses. Hoy son 4,3 millones los parados con el alarmante dato de que ya llegan a 1,2 millones los hogares en los que ningún miembro de la familia tiene empleo.

"Equilibrismo" en problemas

En los últimos dos años la estrategia del gobierno Zapatero fue defender una salida de la crisis "manteniendo la cohesión social". Es según el analista G. Búster la política de la administración socialdemócrata del "equilibrismo entre los distintos intereses fundamentales afectados por la crisis, y que tenía un límite: la posibilidad de emitir y colocar deuda pública en los mercados globalizados". Hasta ahora, como el mismo Búster lo explica, el gobierno tenía "un margen de maniobra bastante amplio, porque a diferencia de la media de deuda pública de la zona euro, situada en el 90 por ciento del PBI, la deuda pública española está por debajo del 50 por ciento, a pesar de las medidas anticíclicas adoptadas en estos dos años de crisis económica". Sin embargo ahora ha comenzado a tener problemas de financiamiento porque el Banco Central Europeo ha cortado sus líneas de crédito a tasas más que blandas.

Ajuste estructural

El gurú internacional de moda, Nouriel Rubini, acaba de afirmar en la reciente reunión del Foro Davos "si cae Grecia será un desastre para el euro; pero si cae España, será una catástrofe". "España no es Grecia respondió Zapatero". Es claro que hay una fuerte presión para llevarla al ajuste. El recorte del gasto público y la reforma del sistema de jubilaciones (elevar la edad de 65 a 67 años) son el eje de este ajuste exigido para que España vuelva a conseguir financiamiento. (En Argentina se diría para volver a los mercados voluntarios de crédito).

El plan de ajuste aprobado hace no más de un mes atrás contempla reducir el gasto público en un 5,7 por ciento del PBI. Algo así como 57.000 millones de euros -40.000 por el gobierno y el resto por las comunidades autonómicas y los ayuntamientos- El objetivo es llevar el déficit fiscal al 3 por ciento del PBI en el 2013 y cumplir así los acuerdos de la Unión Europea.

El presidente Zapatero trató en Davos de rechazar las presiones, pero en paralelo el Consejo de Ministros aprobó un "plan de acción inmediata", que supondrá un recorte adicional del gasto de 5.000 millones de euros en el 2010. Si bien los ministros deben decidir qué partidas reducirán todo indica que el ajuste recaerá, sobre todo, en el gasto de personal, en los de funcionamiento, en la inversión pública y en las transferencias a comunidades autónomas, empresas públicas y organismos autónomos del gobierno.

Los latinoamericanos tenemos experiencia. Con estas medidas la crisis social tenderá agravarse, no se resolverá la recesión sino que lo más probable es que se profundice aún más. Es seguro, en España la crisis tendrá nuevos capítulos y habrá que estar atentos a la reacción de los afectados.

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

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Europa - La pobreza no cabe en la "agenda"

Corina Mora (CCS)

La Comisión Europea declara el 2010 como el Año Europeo de Lucha contra la pobreza y la Exclusión Social.

Después de un año de clara recesión y tras el estadio más largo de crisis económica que se ha conocido en los últimos años, las cifras de pobreza en el mundo son alarmantes –más de 1020 millones de personas tienen hambre en todo el mundo-. Y a esta situación no somos ajenos los países del Norte, que hasta hace pocos meses, vivíamos de espaldas a la realidad mundial, por encima de nuestras posibilidades, fomentando el endeudamiento de las familias sin pensar que llegaría la época de vacas flacas. Hoy son 80 millones de personas las que viven bajo el umbral de la pobreza en Europa.

Pero no cabe sólo responsabilizar a la crisis financiera de esta situación. Durante los años de bonanza económica, en los países europeos ha crecido la desigualdad de forma constante. Las políticas públicas de redistribución de la riqueza son cada vez menos eficaces, y la exclusión social y la marginalidad han aumentado en el interior de nuestras sociedades.

La propia Unión Europea reconoce que un 17% de la población de los países miembros viven en la pobreza, es decir la situación de precariedad afecta a uno de cada seis europeos. Es curioso que las estadísticas nos arrojen estas cifras cuando a escala planetaria también somos una de cada seis las personas que podemos disfrutar de alimento, vivienda, educación y sanidad cotidianamente.

Aunque este año “conmemorativo” fue designado en 2008 por el Parlamento Europeo con el fin de sensibilizar a los gobiernos nacionales y al público en general sobre este tema, llega en plena etapa de recesión y con niveles de desempleo y pobreza altos en toda Europa, ocasión inmejorable para que la sociedad civil organizada haga oír su voz. La Comisión Europea y la Presidencia española de la Unión Europea han puesto en marcha en 2010 el Año Europeo de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, con un programa repleto de actividades que contará con Conferencias, Mesas redondas de trabajo, concursos que buscan visibilizar la realidad de la pobreza y concienciar a la población de la necesidad de una sociedad cohesionada y con responsabilidad compartida en esta tarea.

Las últimas encuestas del Eurobarómetro sobre actitudes ante la pobreza reflejan que un 73% de la población considera éste un problema generalizado en su país, y el 89% piensa que sus gobiernos deben tomar medidas urgentes para subsanar la situación. Es por tanto una exigencia ciudadana que la lucha contra la pobreza entre en la “agenda” política, que se debata, que se proponga y que se adopten decisiones que incidan realmente en la calidad de vida de aquellos colectivos excluidos.

Pero resulta increíble que tengamos que recurrir a designaciones de “años” para que nuestros gobiernos tomen en serio la inclusión social y la participación ciudadana. Tan aficionados son nuestros gobernantes a las declaraciones sin cumplimiento que hay que vigilar y exigir medidas concretas detrás de los discursos. No olvidemos que estamos a tan sólo 5 años de alcanzar el 2015, año en que los líderes de 189 países afirmaron que iban a verse cumplidos los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que con tan buenas palabras han paseado por los discursos de todos ellos. Desgraciadamente, están muy lejos de ser una realidad para una inmensa cantidad de personas que ve cómo aumenta el hambre en lugar de disminuir.

Es urgente (como plantea la Coordinadora de ONG de Desarrollo de España en su última campaña ¡Urge otra Europa!) llegar a los datos concretos en la lucha contra la pobreza. Las prioridades de los gobiernos no se miden por sus discursos, sino por el análisis de recursos asignados a los distintos sectores en el presupuesto nacional. El gasto público es un aspecto fundamental en el análisis del desarrollo social de los países.

La Europa que luche contra la pobreza no será la que celebre más actos de sensibilización social sobre el tema, sino la que sea capaz de incluir cambios para que la economía esté al servicio de la sociedad y se consigan reformas para un modelo social europeo incluyente basado en la solidaridad y la justicia. Estamos a tiempo.

Corina Mora es periodista y antigua integrante de Plataforma 2015 y más.


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