martes, 7 de febrero de 2012

Presentación del Libro "Las Cruzadas de Calderón"

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CFE: ¿al servicio del pueblo y la nación?

José Antonio Almazán González

El reciente fallecimiento de dos bebés en un hospital público de Campeche, a raíz del ilegal corte de luz perpetrado por la Comisión Federal de Electricidad (CFE), puso al descubierto la total desnaturalización del objetivo de este organismo público descentralizado, sujeto hoy a un creciente proceso de privatización en favor de un puñado de empresas eléctricas extranjeras, que convierte la electricidad en una mercancía de lujo y en contra del interés nacional. Echemos un vistazo a la historia y a las cifras.

1. Allá por la década de 1950 los cortes de luz eran práctica cotidiana de las empresas eléctricas en contra del pueblo, pero también de los empresarios. La razón era muy simple, pues se trataba de empresas privadas extranjeras –la legendaria Mexican Light y la American and Foreign–, que a la par de dar un pésimo servicio buscaban el lucro desmedido y la ganancia desorbitada con la prestación del servicio público de energía eléctrica. Para corregir estos males, que golpeaban el bolsillo del pueblo y frenaban el desarrollo económico nacional, el presidente Lázaro Cárdenas decretó el 14 de agosto de 1937, con aprobación del Congreso de la Unión, la creación de la CFE, como parte de una gran obra nacionalista que se expresó en el campo (con el reparto agrario y el fortalecimiento de la propiedad ejidal) y en todos los órdenes de la vida nacional para que México pudiera enfrentar los nocivos efectos de la crisis económica mundial de 1932-1940. Un año después vendría la expropiación de la industria del petróleo, para hacer de estos dos energéticos una firme palanca de desarrollo económico y social de México.

Como puede leerse en el quinto artículo de dicho decreto, el propósito fundamental que dio origen a CFE fue (y debe ser): "La Comisión Federal de Electricidad tendrá como objeto organizar y dirigir un sistema nacional de generación, transmisión y distribución de energía eléctrica basado en principios técnicos y económicos, sin propósitos de lucro y con la finalidad de obtener con un costo mínimo, el mayor rendimiento posible en beneficio de los intereses generales".

Este propósito esencial en la creación de la CFE data de la iniciativa de ley que el presidente Abelardo Rodríguez envió a la Cámara de Diputados en diciembre de 1933, en cuyo quinto artículo se asentaba exactamente lo mismo que en el de agosto de 1937. Sin embargo, a diferencia de éste, los argumentos que se esgrimieron para fundar y motivar el objeto esencial de la CFE fueron explícitos y por su enorme trascendencia y actualidad los reproducimos a continuación:

“Primero. El suministro de energía eléctrica debe hacerse a un precio de tal manera reducido, que la producción industrial viva de la energía eléctrica y no para la energía eléctrica…”

En la discusión de esta iniciativa se asentó, como un retrato fiel de lo que hoy ocurre, lo siguiente: “Tanto la industria como la agricultura nacionales están subordinadas, son tributarias en estos momentos de los grandes trusts eléctricos. Las grandes tarifas, las enormes multas, la persecución implacable de las compañías eléctricas al consumidor pequeño, desde el humilde tendajón hasta el industrial poderoso de Puebla, es ya insoportable, y por eso, repito, que ése es el grito de liberación económica mexicana, y de todo corazón me adhiero y votaré en pro de esta ley”. Setenta y cuatro años después este propósito esencial de la CFE sigue vigente, por más que los gobiernos en turno y las mafias burocráticas de la empresa de clase mundial lo hayan sepultado en un mar de leyes secundarias, desnaturalizándola hasta convertir la electricidad en una mercancía muy cara, ya no al servicio del pueblo y mucho menos del desarrollo nacional.

2. Un vistazo a las cifras de la Agencia Internacional de Energía (Energy prices & taxes 2011) muestra que en la lista de los 33 países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) nuestro país ocupa un primerísimo lugar con la tarifa industrial más cara, junto con Chile, Italia, República Checa, Hungría, Polonia y Turquía. Particularmente destaca que en tanto para 2010 el precio medio de la tarifa industrial en México fue de 0.166 centavos de dólar/kwh, en Canadá fue de 0.059 y en Estados Unidos fue de 0.068. Como puede observarse en estas cifras, no impugnadas por el gobierno mexicano, el problema de las elevadas tarifas industriales de la CFE, de las que con razón se queja la Concamin, se acrecentó a partir de 1997, en que irrumpe en forma descarada la participación del capital privado internacional en la generación eléctrica en México.

3. En México no existe una regulación unificada en torno a los servicios públicos; sin embargo, diversas normas reconocen que en el caso de la energía eléctrica se trata de un servicio público esencial y no secundario. No en balde la nacionalización de la industria eléctrica fue elevada a rango constitucional como función exclusiva de la nación mexicana. Como tampoco es gratuito que desde la primera ley del trabajo de 1931 y después en la actual Ley Federal del Trabajo se contemple que en el caso de huelgas el servicio público en hospitales, luz y energía eléctrica, etcétera, no se vea interrumpido por ninguna razón. Todo esto fue olvidado por la CFE cuando ordenó el ilegal corte de luz en el hospital público de Campeche. Todo ello implica la urgente necesidad de renacionalizar la industria eléctrica, comenzando con CFE, cuyas tarifas domésticas, comerciales e industriales se han convertido en un obstáculo para el desarrollo de la economía nacional y el bienestar del pueblo.

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Protestan integrantes del SME cerca de casillas de votación del PAN

Su intención es denunciar al blanquiazul como "un partido de corruptos, mentirosos y asesinos", y que la gente se sensibilice y no apoye a dicho partido.

Matilde Pérez U.
Publicado: 05/02/2012 13:39



México, DF. Portando mantas en las que se destaca: “PAN, enemigo de los trabajadores y estudiantes”, integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas se apostaron a 100 metros de diversas casillas de votación del PAN en la ciudad de México.

En la zona de Polanco, en la calle de Emerson y Horacio, los trabajadores de la extinta Compañía de Luz y Fuerza del Centro, asentaron que su movimiento es pacífico y que su intención es denunciar al PAN como “un partido de corruptos, mentirosos y asesinos”, y a manera de ejemplo mencionaron el caso del fallecimiento de los 49 niños en la Guardería ABC en Hermosillo, Sonora; los mineros que murieron en Pasta de Conchos y los 60 mil muertos en la guerra contra el narcotráfico.

Guillermina Salazar, hija de electricistas y quien laboró durante 23 años en la desaparecida LFC por decreto hace dos años, comentó que la movilización es para que la gente se sensibilice y no apoye al PAN, mientras sus compañeros gritaron: “Ni un voto al PAN”.

Expusieron que se quedarán cerca de las casillas instaladas por Acción Nacional hasta el cierre de éstas. “Nos vieron nacer pero nunca nos verán morir”, sostuvieron.

Los trabajadores portaron una manta en la que responsabilizaron al PAN de los muertos en la “guerra” contra el narcotráfico y en las minas propiedad de Germán Larrea, los cierres de empresas, el desempleo, el avance de la pobreza.


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Propone AMLO a Góngora Pimentel como consejero jurídico

El precandidato presidencial único del Partido de la Revolución Democrática (PRD), del Trabajo (PT) y Movimiento Ciudadano, Andrés Manuel López Obrador, finalizó este domingo su gira por el Estado de México.

Aseguró que de ganar las elecciones designará como consejero jurídico al ex presidente de la Suprema Corte, Genaro Góngora Pimentel.

Señaló que también se someterá a una consulta para evaluar la continuidad de su administración.

“Va haber revocación de mandato, cada dos años, la gente va a decir si quiere que continúe o que yo salga del gobierno, eso lo voy a proponer, lo hice cuando yo fui jefe de Gobierno de la Ciudad de México”, comentó Andrés Manuel López Obrador.

Agregó que su proyecto incluye la apertura de una empresa similar a Luz y Fuerza del Centro (LyFC).

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A Vázquez Mota "ya la padecí": López Obrador; celebra que lo den "por muerto"

Raymundo León
Corresponsal
Periódico La Jornada
Martes 7 de febrero de 2012, p. 9

La Paz, BCS, 6 de febrero. El precan- didato presidencial de la coalición Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador, señaló: "es mejor que nos den por muertos", en alusión al primer discurso de Josefina Vázquez Mota como virtual candidata del Partido Acción Nacional (PAN), en el que omitió su nombrel y advirtió que su objetivo era derrotar al aspirante Enrique Peña Nieto y al Partido Revolucionario Institucional (PRI).

En entrevista colectiva, expresó su respeto por Vázquez Mota como señora "y como mujer", pero sostuvo: "ya sé cómo es, ya la padecí, igual que otros panistas de arriba, igual que los priístas, no hay mucha diferencia; ayudó en el fraude a (el presidente Felipe) Calderón".

Recordó que en la pasada campaña presidencial, los panistas utilizaron los padrones y programas sociales en la Secretaría de Desarrollo Social que Vázquez Mota encabezó, de modo que "ya sabemos de qué se trata".

Expresó que en la contienda por la Presidencia él no descarta a nadie, y tanto Acción Nacional como Vázquez Mota son competitivos, "pero lo cierto es que vamos a enfrentar a quienes han venido imponiendo un proyecto que ha empobrecido al pueblo, un proyecto usado por el PRI y el PAN".

Subrayó que sólo hay dos opciones: el tricolor y el blanquiazul –que significan más corrupción, injusticias y privilegios– y el Movimiento Progresista, que representa el cambio verdadero.

Puntualizó que no tiene un candidato a vencer, porque son lo mismo, "son el PRIAN".

Sobre la reunión que sostendrá este martes con Cuauhtémoc Cárdenas, en la presentación del proyecto Un México para todos, aseguró que ambos están unidos y eso es muy importante, que haya unidad en todo el Movimiento Progresista, porque se requiere "sacar al país adelante del atolladero en el que lo han metido los gobiernos del PRI y el PAN".

Al encabezar un foro sobre medio ambiente organizado por las izquierdas en esta ciudad, en el que reapareció públicamente el ex gobernador perredista Leonel Cota Montaño, así como ex funcionarios de las dos administraciones estatales pasadas, López Obrador anunció que Claudia Sheinbaum sería la secretaria del ramo en su gabinete.

En su intervención, reconoció que México ha avanzado en la creación de una conciencia ecológica, pero todavía hace falta desarrollarla más y convertirla en una poderosa voluntad colectiva que enfrente la degradación progresiva del territorio y el medio ambiente.

Señaló que México es uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales y diversidad biológica, y sin embargo hay crisis ecológica porque el modelo económico dominante no tiene entre sus propósitos el cuidado y la conservación del medio ambiente.

López Obrador presentó un decálogo de propuestas en esa materia, entre las que destacó que no se autorizará ningún proyecto económico, comercial o turístico que afecte el ecosistema; respetará las concesiones mineras existentes, a las que exigirá el pago de impuestos, pero no autorizará ninguna más, y no dominará la euforia por vender cada vez más petróleo crudo al extranjero, con el agotamiento prematuro de los yacimientos y la quema de gas, lo cual daña la atmósfera.

Refrendó que su proyecto tiene como ejes principales la honestidad, la justicia y el amor.

Se comprometió a acabar con la corrupción y los privilegios fiscales. "Sé que es difícil, pero tengo voluntad, cabeza, corazón y coraje para hacerlo. Vamos a poner orden", añadió.

Puntualizó que sus adversarios a lo mejor saben qué es lo que deben hacer, pero no tienen libertad para hacerlo.

En cambio, "nosotros somos libres, no estamos subordinados a grupos o intereses creados y siempre vamos a poner por delante la felicidad y el bienestar del pueblo", afirmó.


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Indagar posible participación de bancos en el lavado de dinero, ofrece AMLO

Alma E. Muñoz

Periódico La Jornada
Martes 7 de febrero de 2012, p. 10

Andrés Manuel López Obrador, precandidato presidencial de la coalición Movimiento Progresista, se manifestó por investigar el lavado de dinero, incluida la participación de instituciones bancarias, como parte de un plan integral para combatir la inseguridad y la violencia en el país.

En su mensaje semanal, incluyó la propuesta de regresar el Ejército a los cuarteles a medida que se profesionalicen los cuerpos policiacos, lo que, calculó, podría realizarse en seis meses.

Anunció que si triunfa en los comicios del primero de julio, además de poner al frente de la procuración de justicia a personas honestas e incorruptibles, mejorará el sistema de inteligencia para la seguridad nacional, sin utilizarlo para fines distintos. "No vamos a estar espiando a nuestros adversarios", aseguró.

Indicó que con base en su experiencia como jefe de Gobierno del Distrito Federal, se requiere instaurar un mando único, y que el secretario de Gobernación –que en su gabinete sería Marcelo Ebrard– asumiría la responsabilidad de coordinar a todos, de vigilar la operación de las entidades encargadas de la seguridad y de la procuración de justicia, aunque, "desde luego, no les voy a delegar el asunto. Yo voy a estar pendiente todos los días".

Se pronunció por que el sistema de inteligencia nacional se utilice para proteger al ciudadano y garantizar la tranquilidad y la paz social.

Así que "vamos a revisar todo lo que hace el Cisen, ver cuántos cuerpos de inteligencia hay, cómo los coordinamos, y vamos a estar en las reuniones de coordinación, bajo el mando único que habrá".

Indicó que ese mando serviría para vigilar la actitud de servidores públicos. "Quién está trabajando, quién no, quién puede andar en malos pasos", como hizo durante su gestión capitalina.

López Obrador expresó que al frente de los cuerpos policiacos debe haber "gente que ponga por delante su integridad, de ésos que prefieren dejarle pobreza a sus hijos, pero no deshonra".

Adelantó que el Ejército dejaría de estar en las calles para que se haga cargo de la seguridad una nueva Policía Federal.

"No puede ser, no exagero, pero actúa por su cuenta el Ejército, hace lo propio la Marina, por otro lado la Policía Federal, las ministeriales, las de los estados, las municipales. Tiene que haber un mando único y coordinación", destacó.

Aseveró: “le vamos a seguir la pista al dinero, porque todo lo que tiene que ver con la delincuencia organizada, con el narcotráfico, es un negocio.

"Hay que ver cómo se lava ese dinero, qué tienen que ver las instituciones bancarias en esto. Vamos a poner orden."

El abanderado presidencial de los partidos de izquierda reiteró que las medidas coercitivas no son lo fundamental para combatir la inseguridad y la violencia. Lo es "que haya bienestar en el trabajo, que se atienda a los jóvenes; eso es lo que nos va a permitir realmente serenar el país", sostuvo.


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Afecta economía altos cobros de luz

Hogar, comercio e industria

Martes, 07 Febrero 2012
DAFFNI ROJAS
EL MUNDO DE ORIZABA

Sector comercio, el núcleo familiar y la industria, continúan siendo afectados económicamente por la llegada de recibos de luz con cobros de hasta dos o tres veces más, de lo que realmente debieran pagar.
El vicepresidente de la Cámara Nacional de la Industria y la Transformación (Canacintra), Octavio Gracián, declaró que los trabajos de vinculación con la paraestatal y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), continúan realizandose.
A través de la Canacintra se encuentran atendiendo temas particulares, comercio e industria, quienes en algún momento han reportado cobros indebidos.
Esto se da con el fin de mantener un diálogo directo con los funcionarios de primer nivel, para sacar adelante dicha problemática y dar por terminados los pagos excesivos.
“Es importante invitar a la población a que se acerquen a las instancias pertinentes, para que se tenga acercamiento con la Comisión y retomar el tema”.
Además, se ha tenido durante los últimos meses un acercamiento con especialistas de ahorro de energía, para tocar temas como el de celdas solares para las viviendas, lo cual constituiría un ahorro de luz y gas a nivel domiciliario el cual traducirá una mejora en la economía familiar.
“Ésta opción es para evaluar los consumos, son inversiones que se tienen que analizar para que de alguna forma se saquen las mejores soluciones”, puntualizó.
Aunado a ello debe existir entre la ciudadanía la cultura de la evaluación de inversiones, tanto en la familia como en la empresa con el fin de que se puedan tener finanzas sanas en ambos espacios, indicó.

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Desairan monedero electrónico de CFE

6 de febrero, 2012 [9:10]
Antonio de la Cruz / Ciudad Victoria

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- A pesar que la Comisión Federal de Electricidad (CFE), ha repartido más de 182 mil de los llamados monederos electrónicos, dentro del programa de ahorro del costo de la energía, menos del 2 por ciento de los usuarios lo están utilizando, reconoció la dependencia.

Gabriel Navarrete Navarro, superintendente de la CFE en la zona Golfo Centro, indicó que este programa fue diseñado para incentivar a que los usuarios aprovechen las ventajas de utilizar el monedero electrónico; sin embargo, sólo más de 3 mil lo utilizan.

“Desde el año pasado se inició con el reparto de estas tarjetas, que fueron entregadas a cada uno de los clientes de la CFE, el cual se les hizo llegar vía correo con el fin de que las utilizaran”.

Dijo que desafortunadamente poco ha sido el resultado que se ha tenido con este programa, a pesar que ya todos los usuarios del servicio eléctrico tienen en sus manos la tarjeta que es una opción de apoyo en el pago de los recibos bimestrales. “La idea era que los clientes utilizaran estas tarjetas para pagar sus compras en diversos establecimientos comerciales, como son gasolineras, supermercados, tiendas, entre otras, donde se les otorgarían puntos”.

Explicó que cada punto tendría un valor de un peso y lo que acumulara en el bimestre el consumidor podría utilizar el 50 por ciento de los puntos para pagar el recibo de la luz, ahorrándose una cantidad de dinero.

Comentó que el monedero es gratuito, así como su uso y los beneficios no generan ningún costo, ni comisión.

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Desprecian lámparas ahorradoras

6 de febrero, 2012 [12:01]
Silvia Mejía Elías / Tampico
Tampico, Tamaulipas.- Solo el 13 por ciento de la población ha acudido a cambiar sus focos incandescentes por lámparas ahorradoras de energía en la zona sur de Tamaulipas de acuerdo al reporte de la División Golfo Centro de la CFE.

Rubén Echavarría Rodríguez vocero de la CFE en la zona sur reconoció que ha sido poca la respuesta que se ha tenido por parte de la población hay que solo se han entregado 46 mil 564 paquetes a igual número de clientes siendo que el padrón de clientes es de 362 mil en la zona sur y norte de Veracruz.

Ello a pesar de que se ha hecho la promoción de que acudan a cambiar sus focos, puesto que estás lámparas representan un ahorro de hasta un 75 por ciento del consumo de luz.

Los clientes deben acudir a cambiar estos focos en tiendas comerciales llevando su recibo de luz y un comprobante de domicilio.

Los paquetes contienen cuatro lámparas ahorradoras de energía que representan 186 mil 256 lámparas que se entregan por cliente. Con estas lámparas se contribuye, según la CFE a hacer un uso racional de la energía eléctrica y poder ayudar en cuestiones ambientales como disminuir el calentamiento global.

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No pagan predial dependencias federales

* Arturo Estrada
* 06 febrero 2012

En tanto que la ciudadanía ha hecho esfuerzos para pagar su predial a tiempo, logrando así una recaudación récord, la mayoría de las dependencias federales siguen haciendo caso omiso a los llamados del Municipio de Saltillo para que cumplan con sus obligaciones.

México, DF. El director de Catastro, Carlos Rodríguez Gámez, reconoció que dependencias como la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y Pemex ya han pagado el predial de algunos de sus terrenos.

“Lo que se ha recaudado de gravamen ha sido tan bueno que prácticamente ya cobramos durante el primer mes todo lo que se juntó en 2009, que sumó 108 millones de pesos”, afirmó.

“Siguen debiendo los de siempre, no sé si este año vayan a pagar, pero por lo pronto algunas dependencias ya se acercaron a cumplir para no meterse en problemas y se les agradece”, apuntó.

Las delegaciones de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), el Centro de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Secretaría Agricultura Ganadería y Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), y de la Comisión Nacional Forestal (Conafor) —todas ubicadas sobre el bulevar Fundadores—, así como el IMSS, se han negado a pagar.

El año pasado el Instituto de Administración y Avalúo de Bienes Nacionales (Indaabin), pagó 18 mil 820.23 pesos por un predio ubicado en Industrial La Torres, prueba que hay razones legales para cumplir con el pago.

Sin embargo, con todo y estos antecedentes, otras dependencias como la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) continúa arrastrando un adeudo por 75 mil 644.96 pesos, más lo que se junte en este año.

Desde 2010 se aplicaron reformas para que comenzaran a pagar predial los bienes inmuebles como almacenes, bodegas, oficinas administrativas, todo lo que no sea para un servicio de atención al público directo.

La modificación a la ley que permite a los municipios cobrarles predial a los inmuebles federales, estatales y municipales, también abre la posibilidad de que algunas entidades continúen exentas del pago de este gravamen.

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Bolivia impulsa educación pro indígena

Afp

Periódico La Jornada
Martes 7 de febrero de 2012, p. 24

La Paz. Al iniciar ayer el ciclo escolar, las escuelas bolivianas empezaron a aplicar una reforma aprobada por el gobierno del presidente Evo Morales, que busca revalorizar cosmovisiones indígenas, con un programa que establece que la educación "es descolonizadora, liberadora, revolucionaria, antimperialista y transformadora de estructuras económicas y sociales". La materia de religión, tradicionalmente de contenido judeocristiano, será sustituida por la de "valores, espiritualidad y religiones".


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El pueblo boliviano vive la mayor revolución social

Luis Hernández Navarro

Periódico La Jornada
Martes 7 de febrero de 2012, p. 2

Además de ser el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera es uno de los intelectuales de izquierda latinoamericanos más relevantes en el continente. Aunque su carrera original es la de matemático (la estudió en la Universidad Nacional Autónoma de México), se formó como sociólogo en la cárcel y en la práctica.

Él ha teorizado la experiencia de transformación boliviana como nadie lo ha hecho, es decir, con originalidad, profundidad y frescura. Y la experiencia boliviana hoy es una referencia obligada y cada vez con mayor ascendencia en el movimiento popular latinoamericano. García Linera conoce y domina a profundidad el marxismo clásico, pero está muy lejos de ser doctrinario. Su pensamiento está muy influido por la obra de Pierre Bordieu.

En entrevista con La Jornada, el vicepresidente señala que el hecho fundamental que se ha vivido en el actual proceso de transformación política en curso es que los indígenas, que son mayoría demográfica, hoy son ministros y ministras, diputados, senadores, directores de empresas públicas, redactores de constituciones, máximos magistrados de la justicia, gobernadores; presidente. Este hecho –señala– es la mayor revolución social e igualitaria acontecida en Bolivia desde su fundación.

García Linera caracteriza el modelo económico de su país como posneoliberal y de transición poscapitalista. Un modelo que ha recuperado el control de los recursos naturales que estaban en manos extranjeras para colocarlos en manos del Estado, dirigido por el movimiento indígena.

–Hace seis años que ustedes gobiernan Bolivia. ¿Se ha avanzado realmente hacia la descolonización del Estado?

–En Bolivia, el hecho fundamental que hemos vivido ha sido que aquellas personas, mayoría demográfica antes y hoy, los indígenas, los indios, a quienes la brutalidad de la invasión y los sedimentos centenarios de la dominación habían establecido en el propio sentido común de las clases dominantes y las clases dominadas, que estaban predestinados a ser campesinos, obreros de bajo oficio, artesanos informales, porteros o meseros, hoy son ministros y ministras, diputados, senadores, directores de empresas públicas, redactores de constituciones, máximos magistrados de la justicia, gobernadores; presidente.

“La descolonización es un proceso de desmontamiento de las estructuras institucionales, sociales, culturales y simbólicas que subsumen la acción cotidiana de los pueblos a los intereses, a las jerarquías y a las narrativas impuestas por poderes territoriales externos. La colonialidad es una relación de dominación territorial que se impone a la fuerza y con el tiempo se ‘naturaliza’, inscribiendo la dominación en los comportamientos ‘normales’, en las rutinas diarias, en las percepciones mundanas de los propios pueblos dominados. Por tanto, desmontar esa maquinaria de dominación requiere mucho tiempo. En particular el tiempo que se necesita para modificar la dominación convertida en sentido común, en hábito cultural de las personas.

“Las formas organizativas comunales, agrarias, sindicales del movimiento indígena contemporáneo, con sus formas de deliberación asambleística, de rotación tradicional de cargos, en algunos casos, de control común de medios de producción, son hoy los centros de decisión de la política y buena parte de la economía en Bolivia.

“Hoy, para influir en los presupuestos del Estado, para saber la agenda gubernamental no sirve de nada codearse con altos funcionarios del Fondo Monetario, del Banco Interamericano de Desarrollo, de las embajadas estadunidense o europeas. Hoy los circuitos del poder estatal pasan por los debates y decisiones de las asambleas indígenas, obreras y barriales.

“Los sujetos de la política y la institucionalidad real del poder se han trasladado al ámbito plebeyo e indígena. Los llamados anteriormente ‘escenarios de conflicto’, como sindicatos y comunidades, hoy son los espacios del poder fáctico del Estado. Y los anteriormente condenados a la subalternidad silenciosa hoy son los sujetos decisores de la trama política.

“Este hecho de la apertura del horizonte de posibilidad histórica de los indígenas, de poder ser agricultores, obreros, albañiles, empleadas, pero también cancilleres, senadores, ministras o jueces supremos, es la mayor revolución social e igualitaria acontecida en Bolivia desde su fundación. ‘Indios en el poder’, es la frase seca y despectiva con la que las señoriales clases dominantes desplazadas anuncian la hecatombe de estos seis años.”

–¿Cómo caracterizar el modelo económico que se ha puesto en práctica? ¿Es una expresión del socialismo en el siglo XXI? ¿Es una modalidad de posneoliberalismo?

–Básicamente posneoliberal y de transición poscapitalista. Se ha recuperado el control de los recursos naturales que estaba en manos extranjeras, para colocarlo en manos del Estado, dirigido por el movimiento indígena (gas, petróleo, parte de los minerales, agua, energía eléctrica); en tanto que otros recursos, como la tierra fiscal, el latifundio y los bosques, han pasado a control de comunidades y pueblos indígeno-campesinos.

“Hoy el Estado es el principal generador de riqueza del país, y esa riqueza no es valorizada como capital; es redistribuida en la sociedad a través de bonos, rentas y beneficios sociales directos de la población, además del congelamiento de las tarifas de los servicios básicos, los combustibles y la subvención de la producción agraria. Intenta priorizar la riqueza como valor de uso, por encima del valor de cambio. En ese sentido, el Estado no se comporta como un "capitalista colectivo" propio del capitalismo de Estado, sino como un redistribuidor de riquezas colectivas entre las clases laboriosas y en un potenciador de las capacidades materiales, técnicas y asociativas de los modos de producción campesinos, comunitarios y artesanales urbanos. En esta expansión de lo comunitario agrario y urbano depositamos nuestra esperanza de transitar por el poscapitalismo, sabiendo que también esa es una obra universal y no de un solo país.”

–¿Cómo se ve desde Bolivia el proceso de integración regional? ¿Qué papel juegan Estados Unidos y España? ¿Qué espacio tienen China, Rusia e Irán?

–El continente latinoamericano está atravesando un ciclo histórico excepcional. Gran parte de los gobiernos son de carácter revolucionario y progresista. Los gobiernos neoliberales tienden a aparecer como retrógrados. Y a la vez, la economía latinoamericana ha desplegado iniciativas internas que le están permitiendo afrontar de una manera vigorosa los efectos de la crisis mundial. En particular, la importancia de los mercados regionales y la vinculación con Asia han definido una arquitectura económica continental de nuevo tipo. Hay que apostar por profundizar esta articulación regional y, si es posible, por proyectarnos como una especie de Estado regional de estados y naciones. Comportarnos como Estado regional en el ámbito del uso y negociación planetaria de las grandes riquezas estratégicas que poseemos (petróleo, minerales, litio, agua, agricultura, biodiversidad, industria semielaborada, fuerza de trabajo joven y calificada..), e internamente, respetar la soberanía estatal y las identidades nacionales regionales que tiene el continente. Sólo así podremos tener voz y fuerza propia en el curso de las dinámicas de mundialización de la vida social.

–¿Hay un papel activo de Wa-shington para sabotear la transformación boliviana en curso?

–El gobierno estadunidense nunca ha aceptado que las naciones latinoamericanas puedan definir su destino porque siempre ha considerado que formamos parte del área de influencia política para su seguridad territorial, y somos su centro de acopio de riquezas, naturales y sociales. Cualquier disidencia a este enfoque colonial coloca a la nación insurgente en la mira de ataque. La soberanía de los pueblos es el enemigo número uno de la política estadunidense.

“Eso ha pasado con Bolivia en estos seis años. Nosotros no tenemos nada contra el gobierno estadunidense ni contra su pueblo. Pero no aceptamos que nadie, absolutamente nadie de afuera nos tenga que venir a decir lo que tenemos que hacer, decir o pensar. Y cuando como gobierno de movimientos sociales comenzamos a sentar las bases materiales de la soberanía estatal al nacionalizar el gas; cuando rompimos con la vergonzante influencia de las embajadas en las decisiones ministeriales; cuando definimos una política de cohesión nacional enfrentando abiertamente las tendencias separatistas latentes en oligarquías regionales, la embajada de Estados Unidos no sólo apoyó financieramente a las fuerzas conservadoras, sino las organizó y dirigió políticamente, en una brutal injerencia en asuntos internos. Eso nos obligó a expulsar al embajador y luego a la agencia antidrogas de ese país (DEA).

“Desde entonces los mecanismos de conspiración se han vuelto más sofisticados: se usan organizaciones no gubernamentales, se infiltran a través de terceros en las agrupaciones indígenas, dividen y proyectan liderazgos paralelos en el campo popular, como quedó recientemente demostrado mediante el flujo de llamadas desde la propia embajada a algunos dirigentes indígenas de la marcha del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), el año pasado.

“En todo caso, nosotros buscamos relaciones diplomáticas respetuosas, pero también estamos atentos a repeler las intervenciones extranjeras de ‘alta’ o ‘baja’ intensidad.”

–Desde algunos sectores de izquierda se ha señalado que el bloque conservador ha logrado rearticularse y tomado la ofensiva, mientras el movimiento social que llevó al MAS al poder ha sido absorbido por la política institucional. ¿Es correcta esta apreciación?

–Hoy el bloque conservador, de oligarquías extranjerizantes, no tiene un proyecto alternativo de sociedad capaz de articular una voluntad general de poder. El horizonte de la actual política boliviana está marcado por un trípode virtuoso: la plurinacionalidad (pueblos y naciones indígenas al mando del Estado); la autonomía (desconcentración territorial del poder), y la economía plural (coexistencia articulada por el Estado de diversos modos de producción).

“Derrotado temporalmente el proyecto neoliberal de economía y sociedad de la derecha, lo que hoy caracteriza a la política boliviana es la emergencia de ‘tensiones creativas’ en el interior del mismo bloque nacional-popular en el poder. Pasados los grandes momentos de ascenso de masas, donde se construyó el ideario universal de las grandes transformaciones, el movimiento social vive en algunos casos un proceso de repliegue corporativo. Tienden a prevalecer por momentos intereses locales por encima de los nacionales, o las organizaciones se enroscan en pugnas internas por el control de cargos públicos. Pero también emergen nuevas temáticas no previstas sobre cómo conducir el proceso revolucionario. Es el caso del tema de la defensa de los derechos de la madre tierra, tensionados con la exigencia también popular de industrializar los recursos naturales.

"Como se ve, se trata de contradicciones en el interior del pueblo, tensiones que someten a debate colectivo el modo de llevar adelante los cambios revolucionarios. Y eso es sano, es democrático y es el punto de apoyo de la renovación vivificante de la acción de los movimientos sociales. Aunque también se trata de contradicciones que podrían ser usadas por el imperialismo y las fuerzas de derecha agazapadas que de modo ventrílocuo y travestido proyecten sus intereses de largo plazo, a través de algunos sujetos populares y de discursos aparentemente altermundistas y ecologistas."

–En septiembre del año pasado, la marcha de los pueblos indígenas en defensa del TIPNIS y en contra de la construcción de una carretera fue reprimida por la policía. El hecho fue presentado ante la opinión pública como la pérdida de apoyo indígena al gobierno de Evo Morales. Se afirmó que el gobierno boliviano se empecinó en construir la carretera porque había recibido apoyo económico de la empresa petrolera brasileña OAS. ¿Es cierto?

–La población indígena en Bolivia, al igual que en Guatemala, es mayoritaria respecto del resto de los habitantes. El 62 por ciento de los bolivianos son indígenas. Las principales naciones indígenas son la aymara y la quechua, con cerca de 6 millones de personas ubicadas principalmente en el altiplano, los valles, las zonas de yungas y también en tierras bajas. Otras naciones indígenas son los guaraníes, moxeños, yuracares, chiman, ayoreos y otras 29 que habitan la Amazonia, la Chiquitania y el Chaco en tierras bajas. La población total de estas naciones de tierras bajas se estima entre 250 mil y 300 mil habitantes en total.

“El conflicto sobre el TIPNIS ha involucrado a algunos pueblos indígenas de tierras bajas, pero se mantiene el apoyo de los indígenas de tierras altas y valles, que son 95 por ciento de la población indígena de Bolivia. Y de los indígenas movilizados, la mayor parte eran dirigentes de otras zonas que no son precisamente del TIPNIS, pero que cuentan con un apoyo sistemático de organismos no gubernamentales ambientalistas, varias de ellas financiadas por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), además del respaldo de las principales redes de comunicación televisiva privada, de propiedad de viejos militantes de la oligarquía separatista, y con amplia influencia en la construcción de la opinión pública de clase media. Estos días ha llegado a La Paz otra marcha, también de indígenas de tierras bajas, y con mayor presencia de indígenas del TIPNIS, que demandan la construcción de la carrtera por el parque, argumentando que no es posible que se los margine de los derechos a la salud, educación y transporte, a los que hoy sólo pueden acceder después de días de caminata.

“El problema es complejo. Están entremezclados temas propios del debate revolucionario, como el del difícil equilibrio entre el respeto a la madre tierra y la necesidad urgente de vincular al país después de siglos de devertebración aislacionista de regiones. Está el debate entre la relación orgánica y el liderazgo de los pueblos indígenas de tierras altas en el Estado plurinacional, diferente a la relación aún ambigua con el Estado plurinacional por parte de los pueblos indígenas de tierras bajas.

“Pero también está de por medio la estrategia de la oligarquía regional cruceña de impedir esa carretera, que desvincularía la actividad económica de toda la Amazonia de su control empresarial. Está el interés estadunidense de resguardar la Amazonia como su reservorio de agua y biodiversidad, y el de promover divisiones entre los liderazgos indígenas para crear condiciones para la expulsión de los indígenas del poder estatal. Está el interés de algunas ONG acostumbradas a hacer grandes negocios privados con los parques.

"En todo caso, en medio de esta trama de intereses, como gobierno tenemos que tener la capacidad de resolver democráticamente las tensiones internas, y de develar y neutralizar los intereses contrarrevolucionarios que muchas veces se visten de ropaje seudorrevolucionario."

–¿Por qué construir esa carretera a pesar de la oposición de una parte de la población?

–Por tres motivos. El primero, para garantizar a la población indígena del parque el acceso a los derechos y garantías constitucionales: agua potable para que los niños no se mueran de infecciones estomacales. Escuelas con profesores que enseñen en su idioma, preservando su cultura y enriqueciéndola con las otras culturas. Acceso a mercados para llevar sus productos sin tener que navegar en balsas una semana para vender su arroz o comprar sal 10 veces más cara que en cualquier tienda de barrio.

“El segundo motivo, la carretera permitirá vincular por primera vez la Amazonia, que es una tercera parte del territorio boliviano, con el resto de las regiones de los valles y altiplano. Bolivia mantiene aislada a la tercera parte de su territorialidad, lo que ha permitido que la soberanía del Estado sea sustituida por el poderío del patrón de hacienda, del maderero extranjero o el narcotraficante.

"Y el tercer motivo es de carácter geopolítico. Las tendencias separatistas de la oligarquía, que estuvieron a punto de dividir Bolivia en 2008, fueron contenidas porque se les derrotó políticamente durante el golpe de Estado de septiembre de ese año, y porque parte de su base material, la agroindustria, fue ocupada por el Estado. Sin embargo, hay un último pilar económico que mantiene en pie a las fuerzas retrógradas de tendencias separatistas: el control de la economía amazónica, que para llegar al resto del país, obligatoriamente, tiene que pasar por el procesamiento y financiación de empresas bajo control de una fracción oligárquica asentada en Santa Cruz. Una carretera que vincule directamente la Amazonia con los valles y el altiplano reconfiguraría radicalmente la estructura de poder económico regional, derrumbando la base material final de los separatistas y dando lugar a un nuevo eje geoeconomico al Estado. Lo paradójico de todo esto es que la historia haya colocado a algunos izquierdistas como los mejores y más locuaces defensores de los intereses más conservadores y reaccionarios que tiene el país."

–Se ha dicho que Bolivia sigue siendo un abastecedor de materias primas en el mercado internacional y que el modelo de desarrollo en práctica (que algunos analistas han calificado como extractivista) no cuestiona este papel. ¿Es cierto? ¿Se trata de una fase transitoria de acumulación que se acompaña de una redistribución de la renta?

–Ni el extractivismo ni el no-extractivismo, ni el industrialismo son una vacuna contra la injusticia, la explotación y la desigualdad. En sí mismos, no son ni modos de producir ni modos de gestionar la riqueza. Son sistemas técnicos de procesar la naturaleza mediante el trabajo. Y dependiendo de cómo se usen esos sistemas técnicos, de cómo se gestione la riqueza así producida, se podrá tener regímenes económicos con mayor o menor justicia, con explotación o sin explotación del trabajo.


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México: Descontento policiaco

Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)

Huichapan, Hidalgo, México. Ya en otras ocasiones he escrito acerca de la fracasada estrategia panista para el “combate” al “crimen organizado”, que hasta en pequeños poblados, como aquí en Huichapan, es muy evidente, pues ha habido secuestros, asaltos, robos… que dejan muy en entredicho la tal “estrategia” (ver en este mismo blog mi artículo “La fracasada lucha panista en contra del crimen organizado”). Evidentemente ello ha contribuido a, por un lado, una población más desconfiada, con un fuerte sentimiento de inseguridad, pero por otro lado, el hecho de que incluso los propios empleados gubernamentales protesten o se quejen del gobierno es muy mala señal, pues es muestra fehaciente del estado tan lamentable al que hemos llegado.

Esto lo señalo porque, entre otras cosas, es de sorprender que se haya dado hace unos días una protesta del personal policiaco y ministerial del estado de Guerrero, en la que policías, personal administrativo y agentes se quejaron de que la aprehensión de dos policías ministeriales, quienes supuestamente están relacionados con el asesinato de dos jóvenes estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa, fue “injusta”. Se les acusa de haber disparado sus armas en contra de aquéllos. Quizá sean, en efecto, los asesinos, y si así fuera, entonces la protesta pareciera un acontecimiento absurdo, pues se entendería que la policía “protesta” de que por hacer “bien”, digamos, su trabajo, se les está juzgando. Y eso daría para pensar que seguían órdenes y que, ahora, resulta que por cumplirlas, se les castigará. Y eso es grave, si, en efecto, obedecieron órdenes, pues eso indicaría que se trató de un deliberado acto de represión y por eso se entendería que protesten. Sin embargo, puede ser que hayan actuado por su propia cuenta, que simplemente hayan razonado que con tal de cumplir “eficientemente” con su deber, disparar contra los estudiantes, con tal de romper la marcha y despejar la autopista, era la mejor manera de conducirse. Ese comportamiento recordaría a los militares nazis que estaban encargados de los campos de concentración y que parte de sus deberes era aniquilar eficientemente a los prisioneros en las cámaras de gas colectivas y no había en ello ningún comportamiento perverso o atroz, pues simplemente “cumplían con su deber” (curiosamente, sí eran amonestados y hasta castigados si, por ejemplo, abusaban sexualmente de una prisionera). De hecho cuando varios altos mandos nazis fueron juzgados al término de la guerra, justificaban sus atroces acciones diciendo que, simplemente, seguían órdenes.

Como decía antes, en el caso de los policías guerrerenses que son acusados de haber disparado a los estudiantes, pueden estar en la misma posición y por eso tanto sus compañeros, así como sus familiares hicieron la protesta que, incluso, también copió, irónicamente, las acciones de los estudiantes, al haber bloqueado la autopista del sol… y siendo ellos los policías, ¿¡quién los habría podido reprimir!?

Como quiera que sea, el hecho es que se trata de una protesta hecha por los cuerpos policiacos los que, se supone, son los menos inclinados a realizar tales acciones en contra del gobierno, a quien, por su condición especial de cuerpos represivos, son los que más debieran mostrar disciplina a su patrón.

Sin embargo, la protesta misma indica que tanto las equivocadas acciones del gobierno para “combatir al crimen organizado”, así como el que dichas acciones estén provocando un proceso de deslegitimación legal y descomposición social, llevan a sectores sociales, incluso como los cuerpos represivos, a sumarse a las protestas sociales – aunque en este caso sea cuestionable, pues se está “defendiendo” la brutalidad policiaca –, en vista de que el gobierno panista de Felipe Calderón sigue mostrando su incapacidad e ineptitud para “gobernar” y que, en todo caso, eso evidencia también que este país se ha convertido en un polvorín social, pero al mismo tiempo, en una mina de oro en donde los únicos grupos privilegiados son las élites gubernamentales, alineadas con las élites empresariales, quienes ven a México sólo como un medio para enriquecerse en poco tiempo o incrementar aún más sus ya abultados caudales.

Todo lo anterior lo comento porque da entrada a una muy peculiar conversación que sostuve con una mujer policía, destacada en un crucero de Huichapan y que sólo cuando se es presa de real resentimiento y enojo, puede salir así, tan espontáneamente el enfado que ella mostró. La llamaré Laura. Tiene 26 años y casi dos de trabajar como policía municipal. Como dije, se encarga de dirigir la circulación entre dos de las calles más importantes de este municipio. Sin embargo, una de las calles está cerrada a la circulación en el más importante de sus tramos, el que cruza con la avenida Miguel Hidalgo, la que recorre longitudinalmente al poblado. Debido al intenso sol que hasta en los invernales días está presente durante varias horas en esta zona semidesértica, Laura, de por sí morena, luce muy quemada de su cara, a pesar de que emplea la gorra reglamentaria, además de lentes obscuros. “Uso los lentes porque el sol está fuertísimo… antes, hasta me ardían los ojos por no usarlos, por eso mejor me los pongo”, dice, molesta. Su tarea consiste en detener por unos minutos la circulación de una de las avenidas para dar paso a los vehículos sobre ella y, luego, hacer lo mismo con la otra, sólo que, como señalé, una está cerrada. “¿Ya no la van a abrir o qué?”, le pregunto, en vista de que hace semanas que se cerró para “arreglarla” (en realidad, la calle estaba en buenas condiciones, así que me parece oneroso que se haya gastado, adivinar cuánto dinero, en los cuestionables “arreglos”). Encoge los hombros, “¡Pues quién sabe!... ya también otro señor me preguntó que cuándo la van a abrir y pues yo le dije que no sabía y que me dice ‘¡Ya ni la chingan, tanto tráfico que se hace!’… y yo que le digo que sí, pero que pues yo no sabía nada, que no era mi culpa”. En efecto, la calle es muy importante como salida del pueblo, es de las principales y tanto piedras, así como cintas plásticas amarradas en varillas ubicadas en las cuatro esquinas la mantienen cerrada desde hace ya varias semanas. “¿Y entonces, qué esperan para abrirla, si se ve que ya la terminaron?”, vuelvo a cuestionarle. Es cuando Laura, en tono de molestia, no contra mí, sino contra las autoridades, exclama “¡Pues han de estar esperando a que el chingado presidente municipal venga a inaugurarla, para que se pare el cuello el cabrón… como es un pinche panista, ha de decir que tiene que enseñar que está haciendo cosas!...” (Laura se refiere a Fernando Jiménez Uribe, quien en realidad es del Partido Verde, agrupación política de cuestionable trayectoria, y que “ganó” la presidencia municipal para el periodo 2012-2016, mediante igualmente cuestionables elecciones, que terminaron, por así decirlo, con el imperio priísta, que hasta entonces había gobernado. Pero eso es risible, pues es de todos sabida la íntima relación que Partido Verde y PRI mantienen. Me llama la atención que ni ella, siendo empleada del gobierno, sepa la afiliación política de su flamante presidente).

Realmente Laura está muy enojada, se nota en su tono y la forma tan sarcástica en que se refiere al “¡chingado presidente municipal!”. “Pero si la calle estaba bien, ¿no?”, prosigo, también cuestionando esas absurdas obras, para, como dice Laura, mostrarle a la gente que el gobierno “está trabajando”. “¡Sí, pero, ya ve, se quieren parar el cuello esos cabrones y de seguro están esperando que ese chingado presidente venga y diga ‘¡Ay, vean, esta es la chingada calle que arreglé, para que no digan que no hago nada, que nada más me hago güey!’… nada más se gastan el dinero a lo pendejo, vea… ¿para qué?”.

Me pongo a pensar cuántas obras en el país no son realmente necesarias, pero que se hacen para justificar que sí se están haciendo cosas, por parte de los gobiernos locales, estatales y, sobre todo, el federal. Y los recursos, tan escasos, se malgastan, se desperdician, en obras innecesarias, como la ostentosa, inútil escultura llamada “Estela de luz”, cuyo presupuesto original se infló a los $1300 millones de pesos, que bien habrían servido, según los expertos, para construir un moderno hospital de especialidades, entre otras cosas, además de que se requerirán casi ochocientos mil pesos anuales como pago por la energía eléctrica que se necesitará para que el dispendioso mamotreto pueda operar. Sí, absurda obra, como la “reparación” de la calle a la que aludo arriba. Sí, como las también portentosas, costosas obras que el ex gobernador de Coahuila, el señor Humberto Moreira, mandó hacer durante su administración, como haber construido innecesarias obras viales, comparables a las de la ciudad de México en magnitud, para un tráfico vehicular muchísimo menor. Sin embargo, escuelas y hospitales nuevos no se construyeron y sólo se remozaron algunos. Y así, podríamos seguir dando ejemplos, pero no se trata de eso el presente artículo.

Laura continúa manifestando su enfado. “Yo, por pura necesidad estoy aquí… tengo dos hijos y soy sola, por eso necesito el trabajo, pero es una chinga… fíjese, ¡tenemos que estar aquí, parados, doce horas, sin movernos, para que esos hijos de la chingada sean los que queden bien y que nosotros nos chínguemos!”.

¨No, pues sí es mucha friega”, le reconozco a Laura. “¿Y cuánto le pagan?”, le pregunto. Laura se sonríe, como si lo que va a decir no fuera cierto, a la vez que un tanto apenada. “¡Tres mil pesos a la quincena… una madre!”. Eso serían los seis mil pesos al mes, que alguna vez uno de los ineptos funcionarios calderonistas, Ernesto Cordero, dijera que bastaban para que una familia viviera, y que ahora, que quería ser presidente, niega vehementemente que lo haya declarado y que ya aclara que, en efecto, no alcanzan (se ha calculado que una familia al menos requeriría de un salario de unos doce mil pesos mensuales para irla pasando en lo necesario). Aunque si comparamos el salario de Laura con el de la gente que percibe salario mínimo, sesenta pesos diarios, mil ochocientos pesos mensuales (eso, si les pagan todos los días), que constituye el 60% de los trabajadores en México, pues ella está menos mal. Invariablemente eso me lleva a pensar que, en cuanto los cuerpos policiacos de este país, mal pagados la mayoría, tiene oportunidad de extorsionar a quien se deje, lo harán, ya que tampoco dichos cuerpos policiacos se distinguen, precisamente, porque tengan muy altos valores éticos y morales. No, al igual que lo experimentado por la mayoría de la población (y en todo el mundo, inclusive), adolecen de la creciente pérdida de los auténticos valores humanos, los que evitan, justamente, la acelerada descomposición social que se está dando en todos los niveles y grupos sociales. Y los cuerpos policiacos mexicanos han estado descompuestos desde hace mucho tiempo, con la diferencia de que ahora hasta su “lealtad” hacia su patrón, el gobierno, está desintegrándose (me refiero al hecho, como estoy analizando en el presente artículo, de que en plenas funciones ya no son tan “leales” muchos cuerpos policiacos. Porque otra cosa es que prefieran dejar las corporaciones muchos policías, dados los bajos salarios, para unirse al crimen organizado, con el cual sus ingresos mensuales se multiplicarán con creces y lograrán en poco tiempo obtener una sustancial mejoría económica. Véase nada más cuántos importantes operadores del narcotráfico, antes fueron policías o, incluso, soldados. En los momentos de escribir esto, una nota periodística señala que hay 1352 agentes, pertenecientes a la PGR, o sea, son federales, que están “bajo investigación”, sobre todo por negligencia o actos de corrupción. No se trata de simples policías, sino de, digamos, personal de élite y si eso hacen, podría considerarse también falta de lealtad hacia su patrón, que finalmente tiene que ver con descontento, pues no están a gusto esos “agentes”, ni con su salario, ni con lo que deben de hacer. Sí, el gobierno panista debe de preocuparse que se estén socavando sus cuerpos represivos, que son, en buena medida, los que lo han mantenido en el poder).

“¡Y, además, ahorita nos están corriendo, sí, nos dicen que nos van a recortar y no dan nada, en serio, a varios compañeros ya los corrieron y no les dieron nada, ni sus tres meses de sueldo… nada… a ver a mí si no me corren por andar diciendo esto, pero, eso sí, vea cómo tiran dinero esos cabrones… y por todo están sacándole dinero a la gente!”, declara Laura, quien por el tono cada vez más cáustico de su voz, evidencia que crece en su enojo. Con ese trato, despedirlos sin indemnización, ni nada, menos respeto le mostrarán al gobierno policías como Laura, y me atrevería a afirmar que son la mayoría los policías del país descontentos.

Sí, reflexiono, es grave lo que está haciendo el gobierno, con tal de hacerse de más recursos, sobre todo en este año, que es electoral, y que un buen porcentaje de dichos recursos se emplearán para sufragar las costosas campañas publicitarias (más que políticas), que emprenderán los candidatos de los distintos partidos, con tal seguir usurpando el poder. Sí, la consigna es sacar (robar) dinero de donde se pueda. Por ejemplo, pagué un servicio anual, el del agua, que ahora, arbitrariamente, carga dos importes adicionales que el año pasado no estaban contemplados. Uno es del “uso de drenaje”, por 144 pesos. El otro, por “saneamiento”, de $72 pesos. Esos “conceptos” no me los habían cargado anteriormente. Conclusión: hay que inventar nuevos cargos, con tal de sacar más dinero. Además, ¡administración nueva, cargos nuevos!

Le comento eso a Laura, y que pues como es año de elecciones, deben de sacar dinero de donde se pueda. “¡Pues sí… están robándole a la gente en todo… ya no saben esos cabrones cómo sacar dinero!”, sigue explotando Laura, mientras se da tiempo para sonar su silbato y dar paso a ansiosos automovilistas, quienes han esperado más de la cuenta debido al diálogo que hemos sostenido por unos minutos. “¡Como le digo, a ver cuándo el chingado presidente municipal viene a inaugurar la calle… si por mí fuera, ya hubiera quitado estas chingaderas para que pasara la gente!”, exclama Laura, refiriéndose a las piedras y las cintas plásticas que la bloquean.

Alarmante, pues, para el gobierno, que hasta sus cuerpos policiacos renieguen y cuestionen su autoridad, porque eso significa que se está socavando una parte vital que lo ayuda a “sostenerse”, que es la represión pura, la cual, en los últimos años, ha sido el principal factor que ha contribuido a tal sostenimiento.

“Yo ni debería decirle esto, señor”, me dice Laura, ya más tranquila, a lo mejor temerosa de que pudiera acusarla por lo que me acaba de decir.

“No, pues está bien – le digo, a manera de tranquilizarla – no hay que dejarse, hay que protestar”.

Laura sonríe, asintiendo, y continúa, entre silbatazos y movimientos de sus manos, dirigiendo el tránsito vehicular, con tal de que la “estabilidad y la paz social” de este convulsionado país sigan vigentes.

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Capitalismo, pobreza y delincuencia

martes 7 de febrero de 2012

Narciso Isa Conde

Las sociedades no son pobres de por sí: las empobrecen los que se enriquecen explotándolas, saqueándolas, envenenándolas, enfermándolas, enajenándolas y negándoles derechos vitales.

Los empobrecidos, material y especialmente, que optan por la delincuencia como medio de vida, no lo hacen porque quieran hacerlo, sino por necesidad de sobrevivir, por efectos de la cultura dominante y negación de valores educativos.

El capitalismo neoliberal ha llevado esto al extremo: precarizando el salario, privatizando servicios sociales, reduciendo extraordinariamente el empleo estable, multiplicando el buhonerismo y el chiripeo, y expulsando del consumo a miles de millones de seres humanos.

La cuarta ola tecnológica (microelectrónica, informática, robótica, ingeniería genética…) ha sido usada por el gran capital para suprimir masivamente el trabajo remunerado, multiplicar ganancias, empobrecer a los/as de abajo y del medio, y potenciar la especulación y las prácticas delincuenciales desde el. Estado y las elites sociales.

Los ideólogos de la privatización prometieron aumentar la productividad para aumentar riqueza arriba y “derramarla” hacia abajo; pero ésta se quedó en el cohollo opulento que solo derrama un empobrecimiento masificado, cada vez mas degradado y descompuesto, amenazante y agresivo en tanto en su seno crecen las prácticas delincuenciales de sobrevivencia, alimentadas por una dominación violenta y mafiosa.

Una loca carrera especulativa, la persistente identificación del éxito con el amasamiento de fortunas fabulosas, el disfrute del lujo y el consumismo banal, arropa las elites empresariales, partidocráticas, militares, policiales y tecnocráticas, y contagia la sociedad.

El despojo, el crimen, el saqueo -propios del periodo de la acumulación originaria capitalista- reaparecen en dimensiones colosales.

El gangsterismo político, la narco-corrupción, la expansión del lavado de dinero sucio se ejercen tanto desde el Estado y sus instituciones civiles y militares, como desde cúpulas empresariales afines, imbuidas de neo-malthusianismo frente a la masa creciente de pobreza creadas por ellas..

Por eso la llaman población “superflua” o “sobrante”, la identifican como sinónimo de delincuencia, le hacen la guerra, la reprimen cruelmente en nombre de la democracia y se empeñan en exterminarla por múltiples vías, comenzando por expulsarlas de las áreas visibles aptas para los grandes negocios inmobiliario del mega-capitalismo.

Estigmatizar, acosar, atropellar, fusilar, extorsionar… es tarea de una policía delincuente que dice luchar contra la delincuencia y defender la democracia.

Nada más falaz que ese discurso anti-delincuente pronunciado por delincuentes mayores disfrazados de alcaldes, diputados, senadores, presidentes, candidatos, jefes de policías y cuerpos castrenses, y grandes empresarios. Incluidos Giulliani y sus emprendedores

Por eso, mientra más conozco al capitalismo, más lo aborrezco.


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¿Quién paga las crisis del capitalismo?

martes 7 de febrero de 2012

Jorge Etchenique (especial para ARGENPRESS.info)

Con palabras de Hegel, el misterio de todo fenómeno se revela en su historia. Una de las formas de abordarla es de una manera aséptica y a-social, una línea continua, ascendente, sin conflictos. Otra posibilidad de develar las intrigas es acudir a un paradigma alternativo que le otorga identidad a los hechos en tanto momentos de procesos. Entonces, una de las maneras de desentrañar esos momentos puede ser encontrarle un sentido a uno de los fenómenos que caracterizan al sistema capitalista, sus crisis.

Podemos advertirque existen crisis coyunturales, debido a sucesos puntuales desencadenados por las mismas fuerzas del capitalismo, ya sea en expansión o en declinación, o bien crisis estructurales, determinadas por el agotamiento de algunos de sus modelos y el reemplazo por otro. Un común denominador de todas ellas es que fueron aprovechadas para el disciplinamiento social y concentrar la propiedad de todo. Funcional a ese objetivo fue descargar los efectos de las crisis sobre los sectores más débiles de la sociedad.

Otra de las similitudes es que fueron el eco de cataclismos mundiales, teniendo en cuenta que el traslado inicial de las crisis es desde los países centrales a su periferia para que luego los poderes locales continúen la faena. En Argentina, podemos observar un primer ensamble entre la burbuja financiera (¡ya las había!) que desató el “Pánico de 1890” y el cuasi colapso de la británica BaringBrother con el estallido de las clases medias, la Revolución del Parque. Y es éste -el de las crisis con la conflictividad social- un enlace que no siempre coincide pero que ha fertilizado grandes acontecimientos histórico-sociales.

Crisis y conflictividad social

Por ejemplo, buceando en nuestras historias nacionales, la crisis post primera guerra mundial que afectó la rentabilidad agraria en su ecuación precios/costos/tarifas, fue una variable interviniente en la “rebelión de los braceros” bonaerenses de 1919, la que se extendió al sur de Córdoba y de Santa Fe. También se puede acudir al mismo registro para analizar las demandas de la Federación Agraria Argentina y la gran huelga de la Liga Agraria de La Pampa en 1919. Los efectos también sobrevolaron la actividad industrial, por caso de la metalúrgica Vasena, en tanto hecho desencadenante de la Semana Trágica de ese mismo año en Buenos Aires. De la misma manera, es decir crisis e intentos de disminuir la carga obrera en el producto final, tuvo lugar en la Patagonia en 1920/1921. También allí, la caída de la demanda mundial de lana contrajo la economía patagónica y los grandes estancieros acudieron al mecanismo habitual de arrojar la crisis sobre el ya bajísimo standard de vida de los trabajadores. En este contexto relacional debemos también ubicar los trágicos hechos de Jacinto Arauz de 1921.

La gran crisis mundial de 1929/1930, esta vez sí estructural, tuvo una dimensión superior desde todos los ámbitos y sin embargo no provocó reacciones a la altura de esa hecatombe del capitalismo que devastó las condiciones de vida de los productores directos. En el suelo pampeano, las pérdidas de las cosechas y de la producción ganadera por la recesión agrícola y caída acentuada de precios por efecto de la Gran Depresión, anunciaron una grave conjunción a la que se sumó una prolongada sequía, en una década que además de infame fue nefasta para el hábitat regional. En estas condiciones, vía aumento de los arrendamientos y de los fletes, los grandes propietarios y las empresas ferroviarias, dos columnas del poder, descargaron el peso de la crisis en los sectores más desprotegidos del sistema productivo. Esos fueron los temas convocantes para que miles de colonos protagonizaran un incremento de la conflictividad social en las llanuras pampeanas e inicien una movilización que pareció revitalizar las Ligas Agrarias, pero ya sin los niveles organizativos y de intensidad que tuvieron en la última rebelión de colonos en 1919.

Auge y caída de un Bienestar

La superación del vallado liberal a la intervención del Estado en la vida, tuvo la impronta de un crecimiento keynesiano. La relativa paz social que tuvo el capitalismo tras la segunda guerra mundial y que incluyó, si bien con mayores contradicciones, a los países latinoamericanos, alcanzó sus límites entre los ‘60 y ‘70 en que el descenso de la tasa de ganancia empresaria intervino para generar no una crisis más sino de todo un modelo de acumulación: el “Estado de Bienestar”. Esta nueva debacle se produjo pese a que aún se mantenía la euforia desarrollista con su expectativa de desarrollo industrial, vía las inversiones de capitales extranjeros, a los que se llegó hasta subsidiar. Junto con el ingreso a la fase autoritaria del desarrollismo –dictadura de Onganía y otros generales- aparecieron en escena las premisas económicas y culturales del neoliberalismo como propuestas superadoras de la crisis, aunque faltarán algunos años para la puesta en práctica de todas sus baterías.

El freno al modelo desarrollista estuvo dado por la convergencia de esa crisis con la agudización de la conflictividad social. Como vimos, tal conexión no es mecánica sino que debe estar mediatizada por otros factores, en este caso la irrupción de nuevos aires mundiales de rebeldía y nuevas camadas obreras que reasumieron el rol de sujetos sociales autónomos y protagonizaron tanto el Cordobazo del 29 de mayo de 1969 como otras insurrecciones urbanas. La huelga de los salineros en La Pampa fue un reflejo a nivel local de toda esa movilización de energía insumisa.

Desde los ’70 en que la última crisis estructural desembocó en el Estado Neoliberal y dejó en el pasado el Estado de Bienestar, el término “crisis” pasó a integrar el conjunto de nuestras naturalizaciones y de ese modo ocultar su raíz socio-económica. Lo notable es que su consecuencia -el “ajuste”- pasó también a la órbita de lo “natural”. La crisis condujo a “problemas de gobernabilidad” para los teóricos conservadores, resueltos a partir de señalar a sus culpables: los roles que cumplía el Estado Interventor en tanto redistribuidor de recursos y regulador de la economía. Entonces, la desvalorización del Estado, la exaltación de la iniciativa privada y la desregulación pasaron a ser los pre-requisitos para la restauración de la tasa de ganancia empresaria, cuya caída, como vemos, fue un factor clave en todas las crisis del capitalismo.

Todas estas medidas, más las que definen y deciden el desempleo o su precarización como funcionales al modelo, encuentran su concreción en los ’70 cuando la crisis del capitalismo mundial arrastra nuevamente a nuestros países periféricos. Precisamente, los ajustes son la “adaptación”, término que encubre la dependencia, al nuevo orden mundial y uno de sus efectos en políticas sociales es la “focalización”, es decir focalizar la asistencia pública sólo en los sectores más vulnerables. Se trata de una de las medidas, junto con las privatizaciones, para cumplir con la premisa central: la drástica disminución del gasto público.

¿Crisis de modelo o de sistema?

Estos históricos momentos son vitales para incursionar en los avatares de la actualidad. Entrando en el cuarto año de la peor crisis capitalista desde los años ’30, la diferencia con las anteriores es que la crisis del neoliberalismo puede ser no sólo de un modelo sino de todo un sistema. El debate gira en torno a una pregunta: ¿Existe la posibilidad de que el “arrastre” de la nueva crisis mundial sea tratada con recetas diferentes a las ya conocidas del neoliberalismo?

No hay a la vista un modelo optativo al neoliberal dentro del capitalismo, teniendo en cuenta que la salida neokeynesiana que se ensayara es sólo a cuentagotas, paliativa y sin alterar la esencia del modelo. Hasta la imagen de un capitalismo “con rostro humano” se desvanece ante la permisiva depredación de recursos, su esencia. Entonces, esta crisis es el escenario donde el capital dirime la legitimidad (consenso sobre sus ideas centrales) de su dominación y por ello hay Foros (Davos) para que otro mundo sea imposible y hay Foros (Social Mundial) para enarbolar la idea inversa.

A partir de la ortodoxia de las recetas “noventistas” que llegan desde la crisis europea, indignados mediante, las luces de alerta se encienden ante la posibilidad de que el techo oficial a las demandas salariales y la quita de subsidios a los servicios apunten a un retorno a la disminución del gasto público como medida de “ajuste”, a políticas focalizadas en lo social y por ende a la consideración -otra vez- de la marginación como “inevitable”.

En el cono sur latinoamericano se nos impone encontrar nuestra propia perspectiva estratégica a partir de nuestra propia historia. Los sueños, las esperanzas, los sufrimientos, los sacrificios y toda la energía que nos transmite la historia de nuestros pueblos no pueden seguir siendo expropiados. Sin embargo, la necesidad de una sociedad edificada sobre otras bases no la convierte por sí en un mandato infalible. Lejos de nuestra intencionalidad presentar esta relación entre crisis, traslado de sus efectos a los más débiles y resistencia social como un proceso que conducirá, de manera inexorable, a un sistema social alternativo al capitalismo. ¿Es necesidad sinónimo de inevitabilidad? Parece, en cambio, que lo que está en juego es la “categoría de peligro”. El futuro oscila entre la liberación de todo sometimiento y el espectro de un sometimiento mayor. Como afirmara Milcíades Peña, con acentos benjaminianos, “…las más grandes posibilidades de crear un mejor destino humano van acompañadas por las más tremendas posibilidades de volver hacia atrás y anular todo futuro humano”. Nos cabe una cuota de responsabilidad en que ese fiel oscilando se incline hacia uno u otro lado.

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¿Hay algo nuevo en la relación Estados Unidos-América Latina?

martes 7 de febrero de 2012

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

"El poder del país se basó ante todo en este hemisferio, a veces llamado Fortaleza América"
Documento Santa Fe IV: "Latinoamérica hoy". Estados Unidos, 2000.

Una historia de violencia

La región latinoamericana tiene características bastante peculiares en tanto bloque. Si bien hay diferencias, marcadas incluso, entre algunas zonas -el Cono Sur con Argentina, Chile y Uruguay es muy distinto a Centroamérica, por ejemplo; o sus países más industrializados, Brasil y México, difieren grandemente de las islas caribeñas-, en su composición hay más elementos estructurales en común que dispares.

Los rasgos comunes que unifican a toda la región son, al menos, dos: a) todos los países que la componen nacieron como Estado-nación modernos luego de tres siglos de dominación colonial europea (española fundamentalmente, o portuguesa); y b) todos se construyeron integrando a los pueblos originarios en forma forzosa a esos nuevos Estados por parte de las élites criollas. Estas características marcan a fuego la historia y la dinámica actual del área. En otros términos: la violencia estructural es una matriz para toda la región, que sin solución de continuidad se viene manteniendo hasta la actualidad desde hace cinco siglos.

En un sentido, toda la historia de Latinoamérica en su recorrido como unidad político-social y cultural, es una historia de monumental violencia, de profundas injusticias, de reacción y luchas populares. Siempre, desde las primeras épocas post colombinas cuando puede pasar a ser considerada una unidad en sí misma, el destino de Latinoamérica estuvo signado a una potencia externa: España (o Portugal) durante los primeros 300 años posteriores a la llegada del primer "hombre blanco"; Gran Bretaña luego, ya no como invasor militar sino a través de mecanismos de sujeción económica. Y desde mediados del siglo XIX, acrecentándose en forma exponencial en el XX, Estados Unidos de América.

Todo el siglo pasado fue, en realidad, una profundización de la doctrina del tristemente célebre presidente estadounidense James Monroe; es decir, con un país como Estados Unidos convertido en potencia, creciendo sin parar durante cien años, el subcontinente latinoamericano corrió la maldita suerte de pasar a ser su "patio trasero" sin que le quedaran muchas opciones.

En otros términos: desde el momento mismo del nacimiento de las aristocracias criollas, su proyecto de nación fue siempre muy débil. Estas aristocracias y "sus" países no nacieron -distintamente a las potencias europeas, o al propio Estados Unidos en tierra americana- al calor de un genuino proyecto de nación sostenible, con vida propia, con vocación expansionista; por el contrario, volcadas desde su génesis a la producción agroexportadora primaria para mercados externos (materias primas con muy poco o ningún valor agregado), su historia está marcada por la dependencia, incluso por el malinchismo. Oligarquías con complejo de inferioridad, buscando siempre por fuera de sus países los puntos de referencia, racistas y discriminadoras con respecto a los pueblos originarios -de los que, claro está, nunca dejaron de valerse para su acumulación como clase explotadora-, toda su historia como segmento social, y por tanto la de los países donde ejercieron su poder, va de la mano de las potencias externas, y desde la doctrina Monroe en adelante, de Estados Unidos.

Para Latinoamérica todo el siglo XX estuvo marcado por la referencia al imperio estadounidense. "Los Estados Unidos [...] parecen destinados por la Providencia para plagar la América de miserias en nombre de la libertad", decía ya en el año 1829 Simón Bolívar; palabras premonitorias, sin dudas. Los nuevos Estados latinoamericanos, más allá del sueño integracionista del Libertador, nacieron divididos, con clases dirigentes entregadas visceralmente a las potencias extrajeras. La Gran Patria Latinoamericana, popular, con acento indígena y sin complejo de inferioridad ante la "civilización de los blancos", de momento al menos no ha pasado de ser una aspiración. Toda vez que se intentó algo en sentido contrario, fue brutalmente decapitado.

Las oligarquías nacionales fueron siempre portavoz del imperio del norte, su gerente, su socio menor. Se dio así una imbricada articulación entre Washington y aristocracias criollas, donde poder y ganancias fueron más o menos compartidos. Y para custodiar a ambos actores, ahí estuvieron las fuerzas armadas nacionales, muchas veces preparadas incluso en territorio estadounidense. Pero incluso, también estuvieron las tropas del norte. Europa, a regañadientes, debió replegarse de estas tierras, quedándose sólo con pequeñas posesiones en el Caribe que la despojaron de su papel de potencia dominante.

En términos generales esa fue la matriz que fijó la historia del subcontinente durante cien años. Pero no fue una historia pasiva, donde los dominadores impusieron sus condiciones sin resistencias; por el contrario, fue una historia de luchas feroces, de violencia extrema, de sufrimientos extremos. Historia que, por cierto, lejos está de haber terminado. Desde la suprema violencia inaugural que trajo la conquista europea (genocidio militar y cultural, con el agregado de la gripe como arma más mortífera que los arcabuces), la violencia ha sido una constante en las relaciones sociales. Con los tiempos cambiaron sus formas, pero se mantuvo invariable como rasgo distintivo.

De las primeras rebeliones indígenas a la actual propuesta del ALBA (la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, como proyecto de integración no salvajemente capitalista), o el CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, en tanto mecanismo de integración política sin la tutela de Washington), las fuerzas progresistas han jugado siempre un importante papel. Las izquierdas políticas, entendidas en sentido moderno (con un talante socialista podríamos decir, marxistas incluso), han estado siempre presentes en los movimientos del pasado siglo. De hecho, con diferencias en sus planteamientos pero con un mismo norte, en casi todas las sociedades latinoamericanas se dieron procesos populares de construcción de alternativas socialistas, o nacionalistas antiimperialistas, o reformistas al menos, pero siempre en búsqueda de mayores niveles de justicia. En algunas llegando a ocupar aparatos de Estado: en Guatemala con la "primavera democrática" entre 1944 y 1954 con su reforma agraria, en Chile en la década del 70 con Salvador Allende, Cuba con su heroica revolución, Nicaragua con los sandinistas en toda la década de los 80, la actual Venezuela y su Revolución Bolivariana, o Bolivia y Ecuador, con sus dinámicos movimientos indígenas que terminaron en propuestas políticas socializantes. Y en otras experiencias, peleando desde el llano: movimientos sindicales, reivindicaciones campesinas, insurgencias armadas.

Sin ánimo de hacer un pormenorizado estudio de esta historia, lo que vemos entrado ya el siglo XXI es que la izquierda no está en franco ascenso (de todas esas experiencias, sólo Cuba es una experiencia popular y revolucionaria que se mantiene, en tanto Venezuela, Bolivia y Ecuador intentan profundizar sus procesos políticos, con suertes distintas). Pero en modo alguno ha muerto la lucha por mayores niveles de justicia, tal como el omnímodo discurso neoliberal actual pretende presentar. Es más: luego de la furiosa y sangrienta represión de los proyectos progresistas de las décadas de los 70/80 del siglo pasado y de la instauración de antipopulares políticas fondomonetaristas en los 90, después del derrumbe del campo socialista y un período donde los movimientos por mayores cuotas de equidad parecían totalmente dormidos, en estos últimos años asistimos a un renacer de la reacción popular.

¿Estamos entonces realmente ante un resurgir de las izquierdas, de nuevos, viables y robustos proyectos de cambio social?

Las nuevas izquierdas

Suele hacerse la diferencia entre izquierdas políticas e izquierdas sociales. Hay, sin dudas, un cierto retraso de las primeras en relación a las segundas. Para decirlo de otro modo: los planteos políticos de fuerzas partidarias a veces han quedado cortos en relación a la dinámica que van adquiriendo los movimientos sociales. Muchas veces las reacciones, protestas, o simplemente la modalidad que, en forma espontánea, han tomado las mayorías, no se ven correspondidas por proyectos políticos articulados provenientes de las agrupaciones de izquierda. Con variaciones, con tiempos distintos, pero sin dudas como efecto generalizado apreciable en toda Latinoamérica, hay un desfase entre masas y vanguardias. Lo cierto es que desde hace algunos años (podríamos decir desde fines del siglo pasado) la reacción de distintos movimientos sociales ha abierto frentes contra el neoliberalismo rampante que se extiende sin límites por toda la región.

Vale destacar que esos movimientos, novedosos en muchos casos, no se corresponden totalmente con esquemas teóricos de dos o tres décadas atrás. Ahí está, por ejemplo, el despertar de los movimientos indígenas, o las reivindicaciones de las eternamente postergadas mujeres, que se constituyen en nuevos sujetos sociales de cambio, con tanto o más empuje que las reivindicaciones de clase. Lo cual lleva colateralmente (aspecto que no se abordará aquí) a la revisión crítica de los instrumentos tradicionales de la izquierda y su lectura de la realidad en términos exclusivos de lucha de clases. Sólo para dejarlo esbozado: no hay dudas que los conceptos fundamentales del marxismo, definitivamente válidos en su raíz (lucha de clases como motor de la historia, apropiación del plustrabajo de una clase por otra), necesitan una lectura circunstanciada para la coyuntura actual, globalizada, hiper informatizada, donde nuevos actores y eternas injusticias olvidadas (inequidad de género, diferencia Norte-Sur) plantean nuevos interrogantes.

Toda esta izquierda social ha tenido impactos diversos, con agendas igualmente diversas, o a veces sin agenda específica: frenar privatizaciones de empresas públicas, organización y movilización de campesinos sin tierra, o de habitantes de asentamientos urbanos precarios, derrocamiento de presidentes como fueron los casos de Argentina, Bolivia o Ecuador, oposición a políticas dañinas a los intereses populares. Y algo fundamental desde donde empezar a considerar los nuevos tiempos post Guerra Fría: la suma de todas estas movilizaciones impidió la entrada en vigencia del Área de Libre Comercio para las Américas -ALCA- tal como lo tenía previsto Washington para enero del 2005.

El abanico de protestas y movilizaciones es amplio, y a veces, por tan amplio, difícil de vertebrar. Los piqueteros en Argentina o los movimientos campesinos con una importante reivindicación étnica en Bolivia, Ecuador, Perú o Guatemala, el zapatismo en el Sur de México o la movilización de los Sin Tierra en Brasil, son formas de reacción a un sistema injusto que, aunque haya proclamado que "la historia terminó", sigue sin dar respuesta efectiva a las grandes masas postergadas. ¿Hay un hilo conductor, algún elemento común entre todas estas expresiones?

Hoy por hoy, diversas expresiones de la izquierda política, de posiciones moderadas que se podrían hacer caer en el difuso campo de la "centro-izquierda" (¿o del "capitalismo serio"?) -la que en estos momentos es posible: moderada y de saco y corbata- tienen en sus manos el aparato de Estado en varios países: Brasil, Uruguay, Argentina, Nicaragua, El Salvador. A todo esto habría que sumar otras expresiones, definitivamente mucho más intragables para Washington: Cuba en primer lugar, junto a procesos más moderados como Venezuela, Bolivia o Ecuador.

Las posibilidades de transformaciones profundas desde las estructuras estatales, tal como están las cosas (deudas externas abultadas, creciente presencia militar del imperio en la región), y dada la coyuntura con que arribaron a las administraciones gubernamentales (voto en elecciones de democracias representativas, que no es lo mismo que revoluciones políticas populares), esas expresiones de las izquierdas eleccionarias son limitadas. Más aún: son izquierdas que, en todo caso, pueden administrar con un rostro más humano situaciones de empobrecimiento y endeudamiento sin salida en el corto tiempo. Pero quizá no más que eso.

En modo alguno podría decirse que son "traidores", "vendidos al capitalismo", "tibios gatopardistas". Eso, más que análisis serio, es una consigna principista. La izquierda constitucional hace lo que puede, y seguramente no puede pedírsele más. Hoy, en los marcos de la post Guerra Fría, con el triunfo de la gran empresa y el unipolarismo vigente -más aún en la región latinoamericana, histórico "patio trasero" de la superpotencia hegemónica- es poco lo que tiene por delante: si deja de pagar la ominosa deuda externa, si piensa en plataformas de expropiaciones y poder popular y si se atreve a armar a sus pueblos, sus días están contados. Pero los actuales mandatarios "progresistas" ¿hablaron en algún momento de revolución socialista en sus campañas proselitistas? ¿Levantó alguno de ellos recientemente las mismas consignas que, tres décadas atrás, proponían los movimientos armados que, sin ningún complejo ni temor, hablaban de comunismo y de confiscaciones, y a la que directa o indirectamente ellos pertenecían o apoyaban? Sin ningún lugar a dudas que no. Por eso es demasiado superficial quedarse con la idea de "traidores".

La feroz represión que vivió toda la región entre las décadas de los 70 y los 80 en el pasado siglo tuvo un efecto fríamente buscado por el imperio -en combinación con los factores de poder locales-, y sin dudas conseguido: amansó al movimiento popular, quebró su resistencia, lo llenó de terror. Hoy, con los planes neoliberales que se padecen, aún se siguen pagando las consecuencias de esa estrategia de terror. Las guerras sucias que en mayor o menor grado vivieron todos los países latinoamericanos, con desapariciones de personas, centros clandestinos de detención y tortura, arrasamiento de aldeas rurales y un virtual etnocidio en Guatemala (180.000 indígenas mayas muertos, invisibilizados en la prensa internacional dado que ese país no es de los "importantes"), todo eso no pasó en vano: logró lo que buscaba, que era justamente desmovilizar. Si no, no hubiera sido posible implementar las políticas de ajuste estructural impuestas por los organismos financieros del gran capital internacional: el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Sobre esos miles de muertos, desaparecidos y torturados se domesticó la protesta; de ahí que, en estos últimos años, aparece esta izquierda bien presentada, de saco y corbata, que prescinde del incendiario discurso de años atrás y que ve en la labor política en el marco de las democracias representativas el campo -a veces el único campo- de posible trabajo político.

¿Un nuevo escenario o más de lo mismo?

Luego de los años de dictadura y de terror que barrieron Latinoamérica, el retorno de las raquíticas democracias que tiene lugar para la década de los 80 del siglo pasado puede ser sentido como un importante paso adelante. Aunque sean democracias de cartón, vigiladas, condicionadas absolutamente, sin la más mínima posibilidad de alterar la estructura real de poder de cada país, luego de la monstruosa tormenta vivida con las guerras civiles pueden ser consideradas como un momento de calma. Y muchas expresiones de la izquierda, por desconcierto, por agotamiento, por oportunismo o por considerarlas un paso táctico en una lucha que no se da por perdida, comenzaron a aprovechar esos resquicios de las democracias formales.

De todos modos debe quedar claro que los sistemas políticos que brindan esas democracias representativas constituyen un espacio más, uno de tantos, en una estrategia de construcción revolucionaria, pero no más que eso, y se debería ser muy precavido respecto a los resultados finales que las luchas en esos ámbitos pueden traer para una verdadera transformación estructural. Los movimientos insurgentes que, desmovilizados, pasaron a la arena partidista con su actual nuevo perfil de "presentables bien portados con saco y corbata", no han logrado grandes transformaciones reales en las estructuras de poder contra las que luchaban armas en mano tiempo atrás (veamos el caso de las guerrillas salvadoreñas o guatemaltecas, por ejemplo, o el movimiento M-19 en Colombia). ¿Fueron "traidores" sus dirigentes? Insistamos una vez más (aunque no lo acometamos en este trabajo) con la necesidad de revisar conceptos básicos del marxismo: ¿qué significa "revolucionar" una sociedad? ¿Por qué pareciera que es tan fácil, o al menos se repite tanto la "traición" de las dirigencias? ¿No habrá que replantear -con un hondo sentido crítico constructivo, obviamente- el tema del sujeto humano y el poder? ¿Cómo es posible que se reitere tanto esto de las "traiciones"? Lo cual lleva a pensar que se debe abordar el análisis con nuevos instrumentos conceptuales; la categoría de "traición", quizá, sigue estando cargada de la antinomia "bueno-malo", probablemente desechable. Los "imprescindibles" que llegan hasta el fin en realidad son pocos, más bien rara avis. ¿Se trata de buscar super hombres al modo del Che Guevara para garantizar las revoluciones? ¿Y qué pasa si no aparecen esos líderes casi mesiánicos? Dejamos indicado una vez más la necesidad de revisar algunos postulados básicos de la izquierda: para el caso, la relación de las vanguardias con las masas.

Lo que está claro es que en el escenario de esta post Guerra Fría luego del derrumbe del Muro de Berlín, con el papel hegemónico unipolar que ha ido cobrando Estados Unidos y su plan de profundización de poderío global, Latinoamérica es ratificada en su papel de reserva estratégica. Ante la desaceleración de su empuje económico (el imperio no está muriéndose, pero comienza a ver amenazado su lugar de intocable a partir de nuevos actores más pujantes como la República Popular China, en menor medida la Unión Europea, o las grandes nuevas economías emergentes), el área latinoamericana es una vez más un reaseguro para la potencia del Norte, apareciendo ahora como obligado mercado integrado donde generar negocios, proveedor de mano de obra barata y fuente de recursos naturales a buen precio (o robados), por supuesto bajo la absoluta supremacía y para conveniencia de Washington, y secundariamente de los pequeños socios locales, las tradiciones aristocracias criollas. De esa lógica se deriva la nueva estrategia de recolonización que se dio en años recientes con los Tratados de Libre Comercio.

En realidad la iniciativa de esta absoluta liberalización comercial representa un proyecto geopolítico de Washington que, aunque comience con la creación de una zona de "libre" comercio para todos los países del continente americano, busca en realidad el establecimiento de un orden legal e institucional de carácter supranacional que permitirá al mercado y las trasnacionales estadounidenses una total libertad de acción en todo el área, en cuenta Latinoamérica como su ya tradicional área de influencia donde nadie puede entrar ("América para los americanos" sentenciaba la doctrina Monroe. Del Norte, claro está). Los marines, por supuesto, son la garantía final.

Con la firma de estos acuerdos -para nada muy "libres" que se diga- los países que los suscriban deben "constitucionalizar" los arreglos surgidos de esas normativas, viendo así debilitada su capacidad de negociación y debiendo renunciar a su soberanía en la implementación de políticas de desarrollo. ¿Quién podría creer que pequeñas economías como Bolivia, Haití o incluso Colombia, por ejemplo, negocian de igual a igual con el gigante Estados Unidos? ¿De qué libertad se habla ahí?

Dicho en forma muy sintética el ALCA, aunque no se haya firmado como originalmente estaba planteado reemplazándose por acuerdos bilaterales o regionales (el RD CAFTA, por ejemplo) apunta a los siguientes temas básicos: 1) Servicios: todos los servicios públicos deben abrirse a la inversión privada, 2) Inversiones: los gobiernos se comprometen a otorgar garantías absolutas para la inversión extranjera, 3) Compras del sector público: las compras del Estado se abren a las transnacionales, 4) Acceso a mercados: los gobiernos se comprometen a reducir, llegando a eliminar, los aranceles de protección a la producción nacional, 5) Agricultura: libre importación y eliminación de subsidios a la producción agrícola, 6) Derechos de propiedad intelectual: privatización y monopolio del conocimiento y las tecnologías, 7) Subsidios: compromiso de los gobiernos a la eliminación progresiva de barreras proteccionistas en cualquier ámbito, 8) Política de competencia: desmantelamiento de los monopolios nacionales, 9) Solución de controversias: derecho de las transnacionales de enjuiciar a los países en tribunales internacionales privados. Según expresara con la más total naturalidad Colin Powell, ex Secretario de Estado de la administración Bush (hijo): "Nuestro objetivo con el ALCA es garantizar para las empresas americanas el control de un territorio que va del Ártico hasta la Antártida y el libre acceso, sin ningún obstáculo, a nuestros productos, servicios, tecnología y capital en todo el hemisferio."

Pero ahí está la fuerza de las izquierdas, políticas y sociales: unirse como bloque regional. Esa unión, que no es un proyecto de expropiaciones precisamente, no deja de resultar una piedra en el zapato para la geopolítica del imperio.

Uno de los primeros movimientos que se dio el ALBA fue, justamente, el proyecto Petrocaribe, que consiste en suministrar crudo venezolano a precios preferenciales y con facilidades financieras para la región centroamericana. Las luces de alarma se encendieron inmediatamente en Washington. Cuando, por ejemplo, en el 2009 el presidente hondureño Manuel Zelaya coqueteó con esa idea, inmediatamente fue reemplazado con un golpe de Estado (no cruento, sino de nuevo tipo, tal como hace unos años viene ensayando el gobierno estadounidense: los golpes "suaves", en su nueva terminología).

Si bien la propuesta original del ALCA a nivel continental no se implementó como algunos años atrás habían planificado los técnicos de Washington, eso no impidió que se pusieran en marcha otros mecanismos alternos de desunión y nueva postración de cada país: se firmaron por toda la región tratados comerciales bilaterales, al par que se daban todas las facilidades necesarias para la instalación de nuevos destacamentos militares norteamericanos. Nunca como hoy Latinoamérica estuvo penetrada de bases estadounidenses. ¿Puede acaso cada una de las débiles economías latinoamericanas, incluida la más grande del área, la brasileña, negociar en un pie de igualdad con el gigante del Norte? Sin dudas que no. ¿Pueden, o quieren, negociar con dignidad los gobiernos latinoamericanos y las oligarquías a quienes representan, como países autónomos, y rechazar las imposiciones de Washington? Sin dudas que no. ¿Pueden las actuales tibias izquierdas en el poder fijar nuevas perspectivas? Eso es, justamente, lo que abre un nuevo escenario.

A las imposiciones de "libre" comercio impulsadas por el gobierno de Estados Unidos se unen las iniciativas militares de la gran potencia y los nuevos demonios que circulan la región preparando el escenario para eventuales futuras intervenciones bélicas: la lucha contra el narcotráfico y contra el terrorismo internacional. A partir de estos nuevos fantasmas, las fuerzas armadas estadounidenses profundizan su presencia en el subcontinente. Ahí está el Plan Colombia y su intento de extirpar a los movimientos guerrilleros colombianos FARC y ELN -que controlan un tercio del territorio nacional-, y base de operaciones para una nada improbable intervención contra la Revolución Bolivariana en Venezuela (el Plan Balboa, ya listo y a la espera de ser efectivizado en algún momento). Ahí está la enorme base -con capacidad para 16.000 soldados- creada en Paraguay (para asegurar el acuífero guaraní, principal reserva de agua dulce del planeta, y el gas boliviano); ahí están el reguero de bases por toda el área, los ejercicios provocativos en aguas del Caribe (léase: demostración contra Cuba y Venezuela), las bases en la Patagonia argentina. Si el gigante del Norte está en decadencia, en la región latinoamericana su presencia no ha desaparecido; quizá por ese mismo declive el tradicional "patio trasero" sale más perjudicado que nunca, dado que es su retaguardia. En un futuro no muy lejano, el petróleo que a Washington se le podrá complicar en Medio Oriente sin dudas saldrá de América Latina. Y el agua dulce también, así como minerales estratégicos, o los biocombustibles.

¿Hacia una nueva relación Estados Unidos-Latinoamérica, o "más de lo mismo"?

Latinoamérica es la región del orbe con mayor inequidad; sus diferencias entre ricos y pobres son mayores que en ninguna otra parte. Con los planes de achicamiento de los Estados y las recetas neoliberales que la atravesaron estas últimas décadas, la exclusión social creció en forma agigantada: en los inicios de la década del 80 había 120 millones de pobres, pero esta cifra aumentó a más de 230 millones en los últimos 20 años, y de ellos más de 100 millones son población en situación de miseria absoluta. Así como creció la pobreza, igualmente creció la acumulación de riquezas en cada vez menos manos. El caso casi anecdótico del mexicano Carlos Slim (la persona más adinerada del mundo en la actualidad) es un elocuente símbolo de esa tendencia. La deuda externa de toda la región hipoteca eternamente el desarrollo de los países, y sólo algunos grandes grupos locales -en general unidos a capitales transnacionales- crecen; por el contrario, las grandes masas, urbanas y rurales, decrecen continuamente en su nivel de vida. Lo que no cesa es la transferencia de recursos hacia Estados Unidos, ya sea como pago por servicio de deuda externa o como remisión de utilidades a las casas matrices de las empresas que operan en la región.

Como contrapartida de este enriquecimiento de muy pocos, las masas trabajadoras han retrocedido en derechos mínimos: sus salarios son equivalentes a lo que recibían 30 años atrás al mismo tiempo que han perdido conquistas ganadas en décadas de lucha en el transcurso del siglo XX. Se han envilecido o perdido la estabilidad laboral, la negociación colectiva, los seguros sociales, el derecho a la sindicalización. En el campo se encuentran situaciones de tanta precariedad como a principios del siglo pasado y el éxodo ilegal hacia Estados Unidos como recurso último de salvación se agiganta día a día, pese a la crisis financiera que atraviesa el país del Norte. En ese marco de retroceso social han aparecido nuevos elementos, sin dudas ligados indirectamente a las políticas neoliberales: aumento de la narcoactividad y del crimen organizado, creciente delincuencia y clima de violencia urbana, explosión de niñez desprotegida que termina viviendo en la calle. No son infrecuentes los casos de esclavitud encubierta así como el turismo sexual, las adopciones ilegales de niños por familias del Norte, las pandillas juveniles armadas y violentas, el aumento escandaloso del trabajo infantil, todos ellos síntomas de un deterioro social y humano explosivo.

Ante todo este desolador panorama -en algún sentido nada distinto en Latinoamérica de lo que la caída del socialismo soviético permitió por parte del gran capital transnacional en todas las latitudes del mundo, incluido el Norte desarrollado-, y después de unos primeros años de repliegue del campo popular producto del terror dejado por las guerras sucias, vemos en los últimos años del pasado siglo y en los primeros del presente nuevas oleadas de luchas. Independientemente que las llamemos "socialistas" o no, son luchas con un claro signo popular, reivindicatorio, antiimperialista. He ahí el ejemplo más vivaz de la izquierda social que, como decíamos, no siempre se ve correspondida por las izquierdas políticas.

Aunque no hay en la actualidad una clara propuesta articulada de proyecto político transformador -como lo hubo décadas atrás, a partir del que se desatara la salvaje represión ya mencionada-, las luchas populares continúan. Es más: en estos últimos años se van viendo incrementadas. Ya son varios los presidentes -De la Rúa en Argentina, Bucaram, Mahuad y Gutiérrez en Ecuador, Sánchez de Losada y Meza en Bolivia- removidos de sus cargos producto de esas movilizaciones al no dar respuestas a los acuciantes problemas sociales. Y vuelve a hablarse sin temor de antiimperialismo, de la política exterior y del gobierno de Estados Unidos como "enemigos". De todos modos, toda esa efervescencia, por sí sola no constituye un proyecto revolucionario en sí mismo. Pero es un germen, sin dudas. De ahí que para la estrategia hemisférica de Washington este alza en las protestas constituye siempre un foco de preocupación.

Las actuales administraciones políticas con talante izquierdizante a que asistimos en Latinoamérica (izquierdas no cuestionadoras de la estructura del sistema, repitamos), sin ser "traidoras" a la causa revolucionaria en sentido estricto (¿quién y desde dónde dice eso?), están en una situación ambigua. Llegaron al poder con el apoyo popular, pero su proyecto no es gobernar en función de un cambio profundo. Ninguno de estos presidentes ha hablado, por ejemplo, de suprimir la propiedad privada. De todos modos no son descarnados neoliberales sentados sobre las bayonetas de dictaduras militares: representan propuestas con una "tendencia social", con una "preocupación social" (digámoslo con ese neologismo), y por tanto tienen en el gran capital estadounidense, les guste o no, su gran enemigo. Pero su misma ambigüedad no les permite ir abiertamente contra él. De hecho, en una relación de marchas y contramarchas no exenta de tensiones, la misma administración republicana de la Casa Blanca ha alabado en más de un caso a estas izquierdas alineadas (y las seguirá alabando, siempre y cuando continúen pagando la deuda, no impidan seguir ganando cantidades siderales de dinero a las empresas estadounidenses y le abran sus puertas a las fuerzas armadas del Pentágono). Esas izquierdas, si no se quitan el "saco y la corbata", seguirán siendo bendecidas por el imperio.

Pero hay otras izquierdas que hacen gobierno desde otra perspectiva: Cuba, o recientemente Venezuela con su Revolución Bolivariana. Justamente por ello son el blanco de ataque del gran capital y de todas las administraciones estadounidenses. Jamás serán bendecidos; al contrario, están en la mira de los cañones imperiales. En el caso de Venezuela, principal reserva de petróleo del mundo, su situación podría llegar a resultar trágica incluso (¿un nuevo Irak?). El socialismo del siglo XXI y esas reservas son demasiada provocación para la élite de la gran potencia.

Lo que sí preocupa a Washington, ahora tanto como en todo el transcurso del siglo XX, es el movimiento popular, la organización de base. Las izquierdas que ocupan aparatos de gobiernos pueden ser más manejables; las masas, no tanto.

Por eso, como parte de una política que no ha cambiado en lo sustancial en los últimos cien años, la opción militar nunca ha desaparecido. Si bien es cierto que hoy por hoy en la estrategia hemisférica de Estados Unidos no son necesarias las dictaduras militares como lo fueron durante el auge de la Guerra Fría en el marco de la Doctrina de Seguridad Nacional, en estos últimos años las frágiles democracias latinoamericanas han permanecido siempre vigiladas por la atenta mirada castrense. Pero no la de las fuerzas armadas vernáculas, sino directamente por militares del norte. Y cuando fueron necesarias intervenciones -el "golpe suave" de Honduras, por ejemplo, o los intentos de desestabilización que tuvieron Evo Morales en Bolivia o Rafael Correa en Ecuador- permiten ver que la opción militar, disfrazada quizá, o con ropajes nuevos, nunca ha desaparecido.

Distintos documentos de la política exterior a largo plazo y planificación estratégica de Washington reafirman tanto su supuesto derecho a intervenir en la región (su eterno "patio trasero"), así como la apelación a la acción armada toda vez que lo estime necesario. Tanto el "Documento Santa Fe IV 'Latinoamérica hoy'" -clave filosófica de los actuales halcones republicanos que son quienes realmente fijan la política exterior- como el "Documento Estratégico para el año 2020 del Ejército de los Estados Unidos" o el Informe "Tendencias Globales 2015" del Consejo Nacional de Inteligencia, organismo técnico de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), presentan las hipótesis de conflicto social desde una óptica de conflicto militar, completamente. La reducción de la pobreza y el combate contra la marginación recogidas en la ambiciosa (y quizá incumplible en los marcos del capitalismo) agenda de los "Objetivos y Metas del Milenio" de Naciones Unidas es algo que no entra en los planes geoestratégicos del imperio. Al que proteste, palo; no hay otra respuesta. Y los recursos naturales ubicados en Latinoamérica (petróleo, agua dulce, biodiversidad de sus selvas y minerales estratégicos) son considerados como propios. Por supuesto que a quien proteste: también palo. El Plan Colombia, las estrategias de Tres Fronteras, Alcántara, Misiones, Cabañas 2000, la Iniciativa Regional Andina o la cohorte de bases militares por toda la región, entre otras cosas, nos lo recuerdan.

El principal enemigo de Washington siguen siendo los movimientos populares, lo que podríamos llamar la izquierda social y no tanto las izquierdas políticas (hoy, al ocupar posiciones de gobierno, fieles pagadoras de la deuda externa y preocupadas, más que nada, por salir en televisión). Según el referido informe de la CIA: "Tales movimientos se incrementarán, facilitados por redes transnacionales de activistas de derechos indígenas, apoyados por grupos internacionales de derechos humanos y ecologistas". El "papel amenazante a la estabilidad regional" (léase: amenaza a los intereses de la oligarquía estadounidense), según esta lógica, está dado por "organizaciones sociales, pueblos indígenas y organismos no gubernamentales de derechos humanos y ambientalistas"; a lo que, como parte de una bien articulada propuesta de manipulación informativa, se suman el "narcotráfico" y el "terrorismo internacional" (hasta las pandillas juveniles -las famosas "maras"- están ligadas a Al Qaeda, según esta orquestación). De hecho, aunque resulte risible, en algún momento el gobierno estadounidense habló de la presencia de escuelas coránicas de fundamentalistas musulmanes en la triple frontera argentino-brasileño-paraguaya, justamente donde está la enorme reserva de agua dulce apetecida por la estrategia imperial. ¿Es el principal problema de Latinoamérica la violencia delincuencial que se vive en casi todos los países, o eso es un efecto de la pobreza estructural? O más aún: ¿cuánto hay de manipulación mediática en todo el fenómeno?

Las actuales izquierdas que gobiernan algunos países latinoamericanos no son la principal fuente de preocupación del imperio; pero sí la idea de unión que entre ellas se podría dar. El fantasma de la integración latinoamericana sí inquieta.

Como bien lo dijo el premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel: "el único país que tiene un proyecto estratégico para América Latina, lamentablemente, es Estados Unidos, y no es, precisamente, el que necesita nuestro continente".

Las actuales propuestas de profundización del ALBA, y eventualmente su complemento, el CELAC, constituyen una interesante iniciativa en la dirección de la integración hemisférica con un sentido social. Las mismas pretenden fundamentarse en la creación de mecanismos para crear ventajas cooperativas entre las naciones que permitan compensar las asimetrías existentes entre los países del hemisferio. Se basa en la creación de Fondos Compensatorios para corregir las disparidades que colocan en desventaja a las naciones débiles frente a las principales potencias; otorga prioridad a la integración latinoamericana y a la negociación en bloques subregionales, buscando identificar no solo espacios de interés comercial sino también fortalezas y debilidades para construir alianzas sociales y culturales. Como sintetizó el presidente Chávez el corazón de todo esto: "Es hora de repensar y reinventar los debilitados y agonizantes procesos de integración subregional y regional, cuya crisis es la más clara manifestación de la carencia de un proyecto político compartido. Afortunadamente, en América Latina y el Caribe sopla viento a favor para lanzar el ALBA como un nuevo esquema integrador que no se limita al mero hecho comercial sino que sobre nuestras bases históricas y culturales comunes, apunta su mirada hacia la integración política, social, cultural, científica, tecnológica y física".

"Hay una alianza izquierdista y populista en la mayor parte de América del Sur. Esta es una realidad que los políticos de Estados Unidos deben enfrentar, y nuestro mayor desafío es neutralizar el eje Cuba-Venezuela", escribió algunos años atrás Otto Reich, ex secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, en el artículo titulado "Los dos terribles de América Latina", en la revista derechista estadounidense National Review. No era esa sólo la opinión en solitario de un funcionario de la administración Bush; por el contrario habla de la verdadera política de los halcones de la Casa Blanca hacia la considerada su natural zona de influencia. Y son ellos, su estrategia como clase, los que realmente fijan la dirección del imperio, más allá que la administración de turno sea republicana o demócrata.

Ahí están las claves de la relación del imperio con sus súbditos. Una nueva izquierda remozada, que dejó atrás las armas de la guerrilla, que no habla de confiscaciones y poder popular (porque no puede, porque se quebró, por ambas cosas, etc.) es tolerable. Incluso, como parte de las dinámicas del interjuego político, hasta deseable en la lógica de dominación; es una manera de demostrar que aquellos "sueños juveniles" del socialismo eran irrealizables, y ahora, sin barba y bien peinados, estos nuevos funcionarios ratifican "el fin de la historia". Lula, el ahora ex presidente de Brasil, lo dijo sin pelos en la lengua: "socialismo moderado, dejando atrás los sueños juveniles".

Pero cuando las relaciones se plantean de igual a igual, cuando la dignidad no se negocia, vuelven a sonar los tambores de guerra por parte de la gran potencia. Esa matriz no ha cambiado. La historia tampoco ha terminado, y de lo que se trata es de ver cómo esa izquierda social (movimientos indígenas, campesinos sin tierra, desocupados, insurgentes que no se han resignado, lo que para Washington continúan siendo las "amenazas a la estabilidad regional", y lo que quede de clase obrera organizada, movimientos de mujeres, intelectuales progresistas) puede articularse en una propuesta de integración regional, de Patria Grande, como pretendió Bolívar. En un mundo de globalización, de grandes bloques y políticas a escala planetaria, la izquierda social, la izquierda desde abajo, popular, sólo unida puede enfrentarse con posibilidades de éxito al todavía poderoso imperio estadounidense.


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