sábado, 26 de enero de 2013

#NoalMaizTransgenico UNORCA y Vía Campesina hacen Ayuno Frente Al Ángel Contra Maíz Transgénico

Contribución SMEita: Prepotencia y esquirolaje de contratistas de CFE

En el municipio de Melchor Ocampo, Estado de México, se presentaron esquiroles (liquidados) y ahora contratistas de CFE a cambiar medidores y sustituir cable concentrico por el de aluminio llamado 1+1. El tipo me amedrento y si por el hubiera sido me hubiera golpeado, sin temor alguno lo encaré y defendere a muerte a LyFC, el trabajo de mi amado padre.




Agradecemos a nuestro compañero XOLALPA su amable contribución

No es la puta crisis

Por: Lydia Cacho - enero 25 de 2013 - 0:03 Cacho en Sinembargo, COLUMNAS


A mis colegas del País roto. En una callejuela del barrio antiguo de Barcelona, entre edificios históricos, en un local cerrado sin muebles y con el suelo empolvado, se lee una manta casi del tamaño del ventanal: “No es la crisis sino el patriarcado y el puto capitalismo lo que nos ha dejado en la calle”.

No pude sino detenerme a pensar que esa es una imagen que debería de estar en la primera plana de los diarios españoles en lugar de priorizar las reiterativas argucias lingüísticas del presidente Rajoy. Sus justificaciones para los actos de corrupción se parecen tanto a las de Peña Nieto que cualquiera creería que ambos países se pusieron de acuerdo para elegir al peor gobierno para, de una vez por todas, caer al precipicio moral y comenzar a recoger los bártulos desde el poder ciudadano, para reinventar la política y dejar atrás sus miserias y las expectativas de que los más malos lo harían mejor. Frente a ese letrero me quedé de pie unos minutos en silencio. Pensando. El buen periodismo precisa sintetizar para entregar el mensaje, y el verdadero mensaje la gente lo entiende (aunque los medios hagan tan mal trabajo que logren confundir a unos cuantos), al final del día lo dijeron las propietarias del negocio quebrado que dejó tras de si una cadena de deudas, una familia con hambre y un sueño roto difícil de enmendar.

Porque vaya que hicieron lo que el Estado y los economistas que se creen mucho les dijeron que debían hacer. Pidieron préstamos para convertirse en una mediana empresa, generaron empleos, juntaron sus ahorros y creyeron el discursillo ese de que en este mundo quien se esfuerza gana y quien cree en los bancos y en el capitalismo salvaje llega más pronto que tarde al éxito. Y sí, detrás de lo que llaman crisis está la filosofía. La del patriarcado que trata deshumaniza a sus hijos e hijas, que desprecia y maltrata, que miente, humilla y pisotea a sus hijos que no entienden que para entrar, de verdad entrar en el capitalismo salvaje, hay que dejar más que el sudor de la frente, la humanidad, la dignidad y la ética. Lo que vale es aplastar a los de abajo, verticalizar el poder y las relaciones sociales.

Y en ello no sólo van los políticos y algunos multimillonarios; la prensa española, como la mexicana está pasando por una crisis histórica que es subproducto del mismo engendro. Y ni a los políticos ni a la prensa se les debe perdonar la corrupción, ni ahora ni nunca. Los medios van desplomándose poco a poco, y, como dice el sabio letrero, no por la crisis sino por la filosofía que subyace en su manera de hacer negocios. Y no se le debe perdonar a un diario o a un noticiero que mienta, porque cuando lo hace pierde calidad moral para señalar al poder que pretende engañar.

Y no se le debe perdonar al periódico que lleva el nombre de su patria, que viole todos los derechos laborales y humanos de cientos de personas que durante años estuvieran comprometidas con la sociedad para informarla y acompañarle en la transición democrática y en la formación de un discurso ciudadano más libre y enterado de las verdades públicas. No señor, a los medios no debe perdonárseles que imiten el modelo aplastante de los políticos neoliberales, del enriquecimiento atroz de un puñado de directivos o dueños a cambio de recortes salariales, explotación laboral, erradicación del derecho a la salud y la vivienda. Porque en los últimos años les ha dado a muchos por imitar a lo peor del poder político en lugar de combatirlo con el ejemplo.

Y sí, duele, vaya que duele encontrarse de pronto que los diarios anuncian que pagarán la mitad de sueldo, o que ofrecen a profesionales que opinen gratis porque su voz importa pero su profesionalismo no tanto, y ellos le dan “un espacio” que debe agradecer como si fuera un mendigo recién apoltronado en la esquina del barrio. Como si a un minero el dueño de la mina le dijese: “mira chato como sé que te gusta esto de bajar a picar piedra hasta encontrar la plata, te daré la oportunidad de seguir trabajando, pero como hay crisis en lugar de pagarte te permitiré que mantengas el prestigio, que el pueblo sepa que aun eres minero”.

O si el hospital anunciase a las doctoras que debido a la crisis ellas van a tener la honrosa oportunidad de trabajar gratuitamente para el pueblo, mientras el directivo sale en su BMW a cenarse un pato a la orange con un vinito de cien euros. Las bases de un mal gobierno están en palacio y en la redacción, en la empresa o en la escuela. Las reglas están hechas para cumplirse, no para que los que tienen la sartén por el mango las rompan y luego pregonen que hay crisis, como si fuesen inocentes de crear el engendro de la desigualdad, de la injusticia y la pulverización de los derechos laborales.

Y el periodismo es una profesión que se dignifica a diario gracias al riesgo que corren sus hombres y mujeres para hurgar allí donde el poder desea ocultar, para evidenciar el engaño, el hurto público, el doble discurso, la retórica embustera, los crímenes de Estado; para presionar hasta que llegue la justicia. Porque el buen periodismo es un instrumento social transformador y dialogante.

Es negocio, sí, pero con compromiso social. Por eso y sólo por eso los medios pierden credibilidad a diario, porque la congruencia es su patrimonio fundamental, porque actuar con el ejemplo debe ser parte de su filosofía fundacional y la sociedad sabe que la traicionan repitiendo como loros los discursos del poder. No se puede pedir a un servidor público que transparente sus acciones mientras los directivos de los medios hacen acuerdos en lo oscurito; no se puede argumentar falta de dinero cuando las verdaderas causas de la crisis mediática es ética, es moral, al igual que la política.

No importa cuán difícil sea o cuánto cueste; lo cierto es que miles de periodistas seguimos creyendo en el poder de la información, en el compromiso social de los medios y sobre todo y ante todo, en la congruencia que le debemos a quienes confían en nuestras palabras e investigaciones. Vale más apretarse el cinturón que morderse la lengua. A seguir colegas. @Lydiacachosi




Fuente


Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/25-01-2013/12136. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX
A mis colegas del País roto. En una callejuela del barrio antiguo de Barcelona, entre edificios históricos, en un local cerrado sin muebles y con el suelo empolvado, se lee una manta casi del tamaño del ventanal: “No es la crisis sino el patriarcado y el puto capitalismo lo que nos ha dejado en la calle”. No pude sino detenerme a pensar que esa es una imagen que debería de estar en la primera plana de los diarios españoles en lugar de priorizar las reiterativas argucias lingüísticas del presidente Rajoy. Sus justificaciones para los actos de corrupción se parecen tanto a las de Peña Nieto que cualquiera creería que ambos países se pusieron de acuerdo para elegir al peor gobierno para, de una vez por todas, caer al precipicio moral y comenzar a recoger los bártulos desde el poder ciudadano, para reinventar la política y dejar atrás sus miserias y las expectativas de que los más malos lo harían mejor. Frente a ese letrero me quedé de pie unos minutos en silencio. Pensando. El buen periodismo precisa sintetizar para entregar el mensaje, y el verdadero mensaje la gente lo entiende (aunque los medios hagan tan mal trabajo que logren confundir a unos cuantos), al final del día lo dijeron las propietarias del negocio quebrado que dejó tras de si una cadena de deudas, una familia con hambre y un sueño roto difícil de enmendar. Porque vaya que hicieron lo que el Estado y los economistas que se creen mucho les dijeron que debían hacer. Pidieron préstamos para convertirse en una mediana empresa, generaron empleos, juntaron sus ahorros y creyeron el discursillo ese de que en este mundo quien se esfuerza gana y quien cree en los bancos y en el capitalismo salvaje llega más pronto que tarde al éxito. Y sí, detrás de lo que llaman crisis está la filosofía. La del patriarcado que trata deshumaniza a sus hijos e hijas, que desprecia y maltrata, que miente, humilla y pisotea a sus hijos que no entienden que para entrar, de verdad entrar en el capitalismo salvaje, hay que dejar más que el sudor de la frente, la humanidad, la dignidad y la ética. Lo que vale es aplastar a los de abajo, verticalizar el poder y las relaciones sociales. Y en ello no sólo van los políticos y algunos multimillonarios; la prensa española, como la mexicana está pasando por una crisis histórica que es subproducto del mismo engendro. Y ni a los políticos ni a la prensa se les debe perdonar la corrupción, ni ahora ni nunca. Los medios van desplomándose poco a poco, y, como dice el sabio letrero, no por la crisis sino por la filosofía que subyace en su manera de hacer negocios. Y no se le debe perdonar a un diario o a un noticiero que mienta, porque cuando lo hace pierde calidad moral para señalar al poder que pretende engañar. Y no se le debe perdonar al periódico que lleva el nombre de su patria, que viole todos los derechos laborales y humanos de cientos de personas que durante años estuvieran comprometidas con la sociedad para informarla y acompañarle en la transición democrática y en la formación de un discurso ciudadano más libre y enterado de las verdades públicas. No señor, a los medios no debe perdonárseles que imiten el modelo aplastante de los políticos neoliberales, del enriquecimiento atroz de un puñado de directivos o dueños a cambio de recortes salariales, explotación laboral, erradicación del derecho a la salud y la vivienda. Porque en los últimos años les ha dado a muchos por imitar a lo peor del poder político en lugar de combatirlo con el ejemplo. Y sí, duele, vaya que duele encontrarse de pronto que los diarios anuncian que pagarán la mitad de sueldo, o que ofrecen a profesionales que opinen gratis porque su voz importa pero su profesionalismo no tanto, y ellos le dan “un espacio” que debe agradecer como si fuera un mendigo recién apoltronado en la esquina del barrio. Como si a un minero el dueño de la mina le dijese: “mira chato como sé que te gusta esto de bajar a picar piedra hasta encontrar la plata, te daré la oportunidad de seguir trabajando, pero como hay crisis en lugar de pagarte te permitiré que mantengas el prestigio, que el pueblo sepa que aun eres minero”. O si el hospital anunciase a las doctoras que debido a la crisis ellas van a tener la honrosa oportunidad de trabajar gratuitamente para el pueblo, mientras el directivo sale en su BMW a cenarse un pato a la orange con un vinito de cien euros. Las bases de un mal gobierno están en palacio y en la redacción, en la empresa o en la escuela. Las reglas están hechas para cumplirse, no para que los que tienen la sartén por el mango las rompan y luego pregonen que hay crisis, como si fuesen inocentes de crear el engendro de la desigualdad, de la injusticia y la pulverización de los derechos laborales. Y el periodismo es una profesión que se dignifica a diario gracias al riesgo que corren sus hombres y mujeres para hurgar allí donde el poder desea ocultar, para evidenciar el engaño, el hurto público, el doble discurso, la retórica embustera, los crímenes de Estado; para presionar hasta que llegue la justicia. Porque el buen periodismo es un instrumento social transformador y dialogante. Es negocio, sí, pero con compromiso social. Por eso y sólo por eso los medios pierden credibilidad a diario, porque la congruencia es su patrimonio fundamental, porque actuar con el ejemplo debe ser parte de su filosofía fundacional y la sociedad sabe que la traicionan repitiendo como loros los discursos del poder. No se puede pedir a un servidor público que transparente sus acciones mientras los directivos de los medios hacen acuerdos en lo oscurito; no se puede argumentar falta de dinero cuando las verdaderas causas de la crisis mediática es ética, es moral, al igual que la política. No importa cuán difícil sea o cuánto cueste; lo cierto es que miles de periodistas seguimos creyendo en el poder de la información, en el compromiso social de los medios y sobre todo y ante todo, en la congruencia que le debemos a quienes confían en nuestras palabras e investigaciones. Vale más apretarse el cinturón que morderse la lengua. A seguir colegas. @Lydiacachosi

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/25-01-2013/12136. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX
A mis colegas del País roto. En una callejuela del barrio antiguo de Barcelona, entre edificios históricos, en un local cerrado sin muebles y con el suelo empolvado, se lee una manta casi del tamaño del ventanal: “No es la crisis sino el patriarcado y el puto capitalismo lo que nos ha dejado en la calle”. No pude sino detenerme a pensar que esa es una imagen que debería de estar en la primera plana de los diarios españoles en lugar de priorizar las reiterativas argucias lingüísticas del presidente Rajoy. Sus justificaciones para los actos de corrupción se parecen tanto a las de Peña Nieto que cualquiera creería que ambos países se pusieron de acuerdo para elegir al peor gobierno para, de una vez por todas, caer al precipicio moral y comenzar a recoger los bártulos desde el poder ciudadano, para reinventar la política y dejar atrás sus miserias y las expectativas de que los más malos lo harían mejor. Frente a ese letrero me quedé de pie unos minutos en silencio. Pensando. El buen periodismo precisa sintetizar para entregar el mensaje, y el verdadero mensaje la gente lo entiende (aunque los medios hagan tan mal trabajo que logren confundir a unos cuantos), al final del día lo dijeron las propietarias del negocio quebrado que dejó tras de si una cadena de deudas, una familia con hambre y un sueño roto difícil de enmendar. Porque vaya que hicieron lo que el Estado y los economistas que se creen mucho les dijeron que debían hacer. Pidieron préstamos para convertirse en una mediana empresa, generaron empleos, juntaron sus ahorros y creyeron el discursillo ese de que en este mundo quien se esfuerza gana y quien cree en los bancos y en el capitalismo salvaje llega más pronto que tarde al éxito. Y sí, detrás de lo que llaman crisis está la filosofía. La del patriarcado que trata deshumaniza a sus hijos e hijas, que desprecia y maltrata, que miente, humilla y pisotea a sus hijos que no entienden que para entrar, de verdad entrar en el capitalismo salvaje, hay que dejar más que el sudor de la frente, la humanidad, la dignidad y la ética. Lo que vale es aplastar a los de abajo, verticalizar el poder y las relaciones sociales. Y en ello no sólo van los políticos y algunos multimillonarios; la prensa española, como la mexicana está pasando por una crisis histórica que es subproducto del mismo engendro. Y ni a los políticos ni a la prensa se les debe perdonar la corrupción, ni ahora ni nunca. Los medios van desplomándose poco a poco, y, como dice el sabio letrero, no por la crisis sino por la filosofía que subyace en su manera de hacer negocios. Y no se le debe perdonar a un diario o a un noticiero que mienta, porque cuando lo hace pierde calidad moral para señalar al poder que pretende engañar. Y no se le debe perdonar al periódico que lleva el nombre de su patria, que viole todos los derechos laborales y humanos de cientos de personas que durante años estuvieran comprometidas con la sociedad para informarla y acompañarle en la transición democrática y en la formación de un discurso ciudadano más libre y enterado de las verdades públicas. No señor, a los medios no debe perdonárseles que imiten el modelo aplastante de los políticos neoliberales, del enriquecimiento atroz de un puñado de directivos o dueños a cambio de recortes salariales, explotación laboral, erradicación del derecho a la salud y la vivienda. Porque en los últimos años les ha dado a muchos por imitar a lo peor del poder político en lugar de combatirlo con el ejemplo. Y sí, duele, vaya que duele encontrarse de pronto que los diarios anuncian que pagarán la mitad de sueldo, o que ofrecen a profesionales que opinen gratis porque su voz importa pero su profesionalismo no tanto, y ellos le dan “un espacio” que debe agradecer como si fuera un mendigo recién apoltronado en la esquina del barrio. Como si a un minero el dueño de la mina le dijese: “mira chato como sé que te gusta esto de bajar a picar piedra hasta encontrar la plata, te daré la oportunidad de seguir trabajando, pero como hay crisis en lugar de pagarte te permitiré que mantengas el prestigio, que el pueblo sepa que aun eres minero”. O si el hospital anunciase a las doctoras que debido a la crisis ellas van a tener la honrosa oportunidad de trabajar gratuitamente para el pueblo, mientras el directivo sale en su BMW a cenarse un pato a la orange con un vinito de cien euros. Las bases de un mal gobierno están en palacio y en la redacción, en la empresa o en la escuela. Las reglas están hechas para cumplirse, no para que los que tienen la sartén por el mango las rompan y luego pregonen que hay crisis, como si fuesen inocentes de crear el engendro de la desigualdad, de la injusticia y la pulverización de los derechos laborales. Y el periodismo es una profesión que se dignifica a diario gracias al riesgo que corren sus hombres y mujeres para hurgar allí donde el poder desea ocultar, para evidenciar el engaño, el hurto público, el doble discurso, la retórica embustera, los crímenes de Estado; para presionar hasta que llegue la justicia. Porque el buen periodismo es un instrumento social transformador y dialogante. Es negocio, sí, pero con compromiso social. Por eso y sólo por eso los medios pierden credibilidad a diario, porque la congruencia es su patrimonio fundamental, porque actuar con el ejemplo debe ser parte de su filosofía fundacional y la sociedad sabe que la traicionan repitiendo como loros los discursos del poder. No se puede pedir a un servidor público que transparente sus acciones mientras los directivos de los medios hacen acuerdos en lo oscurito; no se puede argumentar falta de dinero cuando las verdaderas causas de la crisis mediática es ética, es moral, al igual que la política. No importa cuán difícil sea o cuánto cueste; lo cierto es que miles de periodistas seguimos creyendo en el poder de la información, en el compromiso social de los medios y sobre todo y ante todo, en la congruencia que le debemos a quienes confían en nuestras palabras e investigaciones. Vale más apretarse el cinturón que morderse la lengua. A seguir colegas. @Lydiacachosi

Este contenido ha sido publicado originalmente por SINEMBARGO.MX en la siguiente dirección: http://www.sinembargo.mx/opinion/25-01-2013/12136. Si está pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. SINEMBARGO.MX

La caminata de Michelle Obama que Angélica Rivera no pudo hacer

Foto: AP
  • Yahoo! Noticias - Foto: AP
No existe una imagen más contundente que ver a Michelle Obama caminar por una de las calles de Washington en compañía de su esposo, el presidente de Estados Unidos, en medio de una multitud que la vitorea y la incita a festejar el inicio de un segundo periodo de gobierno, como una muestra de aceptación a la pareja que habitará la Casa Blanca por cuatro años más.

Una escena similar no fue posible para Angélica Rivera en la toma de posesión de su esposo como Presidente de México. Mientras en la capital norteamericana reinaba un ambiente de fiesta, aquí las serpentinas eran sustituidas por piedras, bombas molotov y una ola destructiva.

 

Foto: APSi bien la primera dama mexicana puede jactarse de recibir una multitud de manifestaciones de apoyo, donde todo mundo quiere saludarla, tocarla y pedirle una foto, eso solo ocurre en recintos cerrados, con invitados seleccionados y un entorno controlado.

Es sin duda en los pequeños detalles que el simbolismo toma forma y da una lectura de cómo se encuentran los tiempos y el ánimo de la gente hacia aquellos que representan el poder y en cuyas manos se depositan las expectativas de un país.

Así, en el siglo pasado no era raro que a la menor provocación los presidentes mexicanos salieran a surcar los mares de gente a bordo de descapotables, con motivo de visitas oficiales y mucho más el 1 de septiembre, el ‘Día del Presidente’, que tras el Informe de Gobierno todos les rendían pleitesía, más si prometían que se administraría la abundancia y defenderían el peso como un perro.

La última ocasión que pudimos ver en México a un presidente recorriendo arterias viales sin temor a que le cayera algo diferente a confeti fue cuando Vicente Fox asumió su mandato, en medio de un optimismo y grandes esperanzas que en seis años se fueron diluyendo.

 
Fotos: AP y Cuartoscuro

En ese sentido, imaginar al matrimonio Peña caminando en alguna avenida principal del Distrito Federal no es fantasioso. Es imposible. Al menos en este momento, puesto que se mantiene un sentimiento de rechazo en un sector que aún resiente el resultado de las elecciones, el retorno del PRI y esa tendencia fastuosa del nuevo gobierno de hacer de cualquier presentación un show mediático que hasta ahora se ha quedado en eso, en vodevil, y para muestra basta recordar el tinglado armado para la declaración patrimonial, donde con bombo y platillo se presumió de transparencia solo para saber que lo único transparente eran el bombo y el platillo.

Quizás algún día Angélica Rivera pueda emular Michelle Obama y cruzar con tranquilidad a través de las avenidas principales. Curiosamente eso no depende de ella, sino de la materialización de las promesas que realizó su esposo, que sus iniciativas sean tangibles y medibles, que la seguridad se sienta, que el freno a los poderes fácticos se note y que el bolsillo del trabajador común se abulte. De otra forma, puede que no los veamos nunca en la calle.

Fuente